La entrada a Ecuador fue calmada

En Tulcán estuvimos en el cementerio sitio turístico obligado;

de allí partimos hacia Bolivar y estuvimos en el museo tomándole fotos a las réplicas de mamuts. Sucede que de pronto uno está casi a cuatro mil metros y tiene que descender hasta un valle que apenas queda a unos 300 metros sobre el nivel del mar, esta región es el valle de los chutas y allí sus moradores son afrodescendientes, el clima es muy reconfortante, sin embargo, sufrimos el primer incidente, la llanta trasera se pincho.

Luego de solucionar el impase, nos quedamos en Quito donde caminamos por muchos de sus lugares representativos, para no tener más el problema de los pinchazos cambiamos las llantas por unas que no necesitaran de neumático.

De Quito, arrancamos para Baños de santa Ana, un lugar maravilloso repleto de cascadas, selva y por si fuera poco volcanes y columpios en desfiladeros maravillosos.
Muy cerca a Baños está la cima del mundo, el volcán nevado Chimborazo.

Resulta que por estar en el sector ecuatorial, es la montaña por su altitud, más cercana al sol y la más alta del mundo teniendo como punto de partida el centro de la tierra.

Es muy difícil verlo, ya que casi siempre por el lado más majestuoso, el titán suele estar perdido entre las nubes. Al fin, luego de algunas horas de espera, pudimos retratarlo, contemplar su imponencia. Por la ruta de los volcanes se puede descender hacia Gauyaquil.

La bajada es de lujo ya que serpentea por toda la falda del chimborazo, de un momento estás en la cima del mundo, luego entre un mundo de niebla y después la selva.

Llegamos a Gauyaquil y descansamos varios días, El puerto, los amigos, los atractivos y la comida fueron las cosas maravillosas que dilataron nuestra partida.

De Guayaquil rodamos hacia Machala, allí entre plantaciones de plátano y charlas con colombianos viajeros comenzamos nuestra ruta hacia la frontera.

En Huaquillas sellamos salida y pasamos a Perú, comenzaba otro país.
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