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jueves, 2 de febrero de 2012

Miedo y asco en Las Vegas



Hablar de "Miedo y asco en las vegas" es hablar de un conjunto de monstruos que fueron capaces de crear un caos. En primer lugar habría que decir que la película nace de un libro, qué este libro no es nada más y nada menos que una de las obras más psicodélicas del periodismo Gonzo creda por el celebradisimo y alocado señor Hunter Stockton Thompson. 
Ya para mí esto podría ser suficiente. 
Vaya, una película que hace realidad el libro que marcó los años del gonzo, de la psicodelía y es que este libro tiene algo genial, no sólo es subjetivo en suma y descarriado tal y como el género gonzo busca proclamar  sino que se trata de un libro que narra los acontecimientos de Thompson y su mejor amigo el Dr. mientras se enloquecen en  las vegas cubriendo carreras de autos, asistiendo a conferencias y gastando dinero y drogas por montón en cada casino que visitan.
Pero ahora hay que hablar de otro genio. el director de la película es - asombro- el mono pescador, el gran Terry Gilliam, ese creador tan irresistible, tan original. entonces con este binomio ya uno sabe que lo que va a ver es algo que escapa a todo.
Pero luego llega el repertorio de actores, los protagonistas logran dos de las mejores actuaciones de su carrera, ver a Jhony Deep y a Benicio del Toro haciendo de lunáticos, de trashumantes es para partirse de la risa.
Y la música y los efectos que no son efectos, que son alucinaciones, que son la realidad, que son la vida. 
Una película que trasmite la esencia de la locura psicodélica, que nos pone al límite y que nos hace pasar un momento realmente agradable, lo prometo en esta película pasa de todo menos que uno se aburra.

viernes, 30 de septiembre de 2011

El oso



Si algo puedo confesar que adeudo a mi familia es sobre todo el hecho de amar el cine; ir al cine era una secreta forma de divertimento que padre y madre solían tener. Esta distracción los alejaba de su mundo estresante y les daba ese relajamiento que tantas veces buscamos en esta afanada existencia. 

Como vivíamos en un pueblo, ir a cine era casi imposible, lo mejor que se podía hacer era alquilar las películas en Beta y alquilar la consola para verlas en casa. Eran películas muy precarias, muy carentes de profundidad pero que maravillaban. 

Kalimán era un señor bajito de bigote cantinflesco que solía vivir con una manada de perros, era simpático, algo cómico y dado al cariño de la gente y de los niños. Vivía en una pocilga casi derruida pero en ella tenía televisores, betas, vhs, películas y un laberinto de alcobas donde los chicos íbamos a deleitarnos con las tramas detectivescas de la época dorada de Charles Bronson y su Vengador anónimo o con las películas épicas de Conan el bárbaro. A decir verdad el cine de aquella era época estaba determinado en mi pueblito por el coraje, la venganza y la guerra: Robocop, Arma mortal, Rambo o Cobra, eran la panacea de nuestro conocimiento cine-filo sin embargo estas no eran nada sin Terminator, Bruce lee y el padre de nuestras fantasías vengadoras el polémico Chuck Norris. .

También, claro está, había algo más liviano; Regreso al futuro, Indiana Jones o aquellas sinietsras cintas que le encantaban a mi madre: Poltergeist , La mosca, la saga de  Freddy  Krueger o los Gremlins.

Sí, ese era el cine y lo amábamos.

Muy remotamente íbamos a salas de verdad, a teatros, pero cuando esto sucedía era para ver estrenos como E.T, Platoon, Star wars o Aliens .

Recuerdo muy bien aquellos días donde como en Cinema Paradiso me dejé maravillar por el mundo del celuloide, un cine popular pero cine de todos modos.

Sin embargo mi apreciación estética parecía advertirme que el cine podía ser más, quizás por eso, la primera película que recuerdo haber visto no se traslada a este campo de cintas que quedaron relegadas muchas veces al olvido o al género retro de la acción y las aventuras sino que mi primer recuerdo de una película asombrosa se traslada a un viaje a Villavicencio en uno de mis cumpleaños.

Tenía apenas unos 7 años y mi madre me llevó a ver una película proyectada sobre telón, era la primera vez que entraba a una sala, aquel día estrenaban la película El oso, del gran director Jean- Jacques Arnaud, ese genial hombre que dirigió Siete años en el Tibet, El amante y el Nombre de la rosa.

La película comenzó y para mi fueron las dos horas más maravillosas que pude tener, aquella sala me inundó por completo y me extasió

Aquel osezno luchando por sobrevivir, aquella aventura natural que sondeaba los sentimientos y las obsesiones humanas a través de una metáfora animal me hicieron llorar, tener pesadillas, dudar de todo y comenzar a pensar en cosas que no venían a cuento para un niño de esa edad, de pronto comencé a interrogarme por cuestiones como la justicia, el honor, la psicología, el ser, entre tantas otras que me fueron convirtiendo en lo que soy.

La escena que más me impacto fue aquella donde el osezno sueña con su  su madre y comienza a gemir, esa parte me dejó partido, destrozado por completo y con la seguridad de que los animales también podían sentir, sufrir, extrañar, odiar y amar.

Una  película que más allá de los tiroteos y guerras en las que viví me dio el placer de un cine bien hecho y que nunca pude olvidar. Gracias madre.





jueves, 8 de septiembre de 2011

Videodrome



David Cronenberg tiene un cine especial, un cine que se aísla pero que también se acerca, un cine que penetra y confunde nuestros discursos, que los enloda en su propio marasmo de digresiones y utopías. Cada director de culto tiene su sello que lo distingue, en el caso de Cronenberg asistimos a esas cuestiones arrogantes de unas películas donde  lo extraño sucumbe a aquello que de pronto pasa a volverse cotidiano y ordinario.

Quiero resaltar que en Videodrome  la apuesta resulta convincente, sus artefactos orgánicos, sus vísceras desentrañándose y extrañándose y esa particular manía de promover a través de la tecnología el desastre de la conciencia humana y que siempre son comunicadas  por medio de lo grotesco llegan a la cúspide con la protagonización sublime que resulta poco a poco imprimiendo en su personaje el gran James Wood.

Algo de los cuentos de Van Dijk, algo que se desencadena en una maestría dentro de un género carcomido por betsellers es lo que logra Cronenberg con esta propuesta.

Leer esta película es leer dos horas que buscan hacer temblar nuestra idea de comodidad ante la tecnología y además de lo que con ella sería capaz de realizar el instinto humano y la violencia humana.

Una película que auguró la reproducción del cine snoff, de los casetes caseros de video y de esas organizaciones que buscan consolidar un mercado que satisfaga los oscuros deseos de la impulsividad humana y de los alcances mismos de su perversidad, una  película que apostó por la degeneración.

La crítica que hace la película no sólo la convierte en un divertimento sino que la hace parte integral de un paquete documental que invita  a la discusión y la reflexión.

Lo bueno del cine, del cine bien hecho, es que al igual que la literatura bien hecha, expanden la lectura y la plasticidad del pensar, hacen posible la flexibilidad y la liberación multivariable de temáticas y conducen a un juego de matrioskas y de laberintos. Quizás uno jamás termina de ver una película, quizás uno nunca termina de leer un libro; estos son objetos que comienzan a expenderse y a constituirse en estructuras de nuestro pensamiento, de nuestra expresión, de nuestra cultura, de nuestros pecados, de nuestros propios y a veces espeluznantes destinos.

La película cuenta la metamorfosis de un hombre atrapado por una cinta, por el mundo tecnológico en el que el mismo personaje busca innovar; algo resulta mal en esa investigación, algo que de pronto lleva al protagonista a un lugar de la realidad donde lo misterioso supera la ficción comienza a aturdirlo y desde entones nosotros, Cronenberg  es perverso,  nos convertimos en los testigos de esta destrucción y esta revelación.

Imágenes impresionantes y dramáticas; así como en “En el almuerzo desnudo”  no es  imposible olvidar las cucarachas grotescas que llevan a consolidar las alucinaciones del escritor sumergido en su adicción; así como es imposible dejar de ver en nuestra mente el arma orgánica que construye Jude Low en “Existen-Z”, así de imposible son muchas de las imágenes que nos deja para siempre está cinta.

Recuerdo haber visto de niño “Juegos diabólicos”, en esta película, la hija del matrimonio que padece el acoso de los espíritus, pasa hacia otra dimensión a través de la pantalla de la televisión, una metáfora originada en Alicia y el espejo y que el cine ha buscado replicar en muchas otras producciones; fue así como tiempo después volví a encontrarme con este acontecimiento pero esta vez ya no era una invasión de aquí para allá sino que esta vez en la película “El aro”, los espeluznante comenzaba su invasión a través de la televisión, salía de ese portal hacia nuetsra dimensión en lugar de dejar entrar.

Cronenberg reúne estos argumentos y pone a dialogar el mundo de allá con el mundo de acá, la membrana de ese portal que es la televisión de pronto comienza a recrear una nueva metáfora, una metáfora que por el sólo hecho de existir, como decía Chesterton, es atroz. 

Otro dato o factor interesante que fortalece el monumental proyecto y que se fija en la película también de nuestras vidas se basa en esa constante humana de la ilusión de pensar o considerar el desgarramiento de las vísceras; ese acto de meter las manos en nuestra propia carne y que podría ser un deseo oculto, un resentimiento o un desgarramiento, este hecho que ha pasado por la mente de todo hombre y mujer por lo menos una vez en la vida y que se convierte en un acto que va muy unido a la autodestrucción es retratado fantásticamente en Videodrome. El propósito de esta pulsión no ha podido ser explicado aún por la psicología y subyace todavía en las tinieblas del instinto humano.

En Videodrome, el protagonista lleva este acontecimiento al límite, expresando así, otro discurso; a través de este ritual comienza  a entrever una salvación que será el origen de un desenlace que se gana todos los aplausos. Vale  entonces la pena asistir a este viacrucis de un hombre que sufre toda la pasión de sus incertidumbres más reprimidas. 

viernes, 24 de junio de 2011

ADAPTATION.





Seamos pavorosos, con la película Adaptatión del gran director Spike Jonze se da la relación real con los personajes ficticios, quiero decir con esto que a partir de Adaptatión la ficción es invitada a los premios de la academia para recibir una estatuilla, Donald, hermano de  Charlie Kaufman el gran guionista de Hollywood, es simplemente un personaje ficticio, elaborado como estrategia para plasmar ciertas pulsiones reprimidas de la pasión humana, sin embargo, en la entrega de los premios este tipo poco convencional y entusiasta es nominado como co-autor del filme.

Un caso realmente pavoroso, no me imagino a  Nicolas cage entrando y saliendo de una cabina telefónica para poder como Supermán o Kent ser dos personas al mismo tiempo en dicha entrega o mejor aun, siendo más realistas, no me imagino lo que pudo pensar Charlie cuando nominaron a Donald, su hermano, como mejor escritor de guiones, cosas increíbles están sucediendo.

En American splendor un personaje de comics sub-culturales es representado por un actor que lleva al limite la monotonía de la vida postmoderna, sin embargo sabemos que este actor nunca será en realidad ese personaje ficticio, que dicho personaje jamás lo veremos subiendo a dar las gracias por una nominación a un premio.

Adaptatión rompe con todas las reglas, irrumpe con cierta ya no hipertextualidad sino con una interrelación utópica entre la realidad y la ficción, no sólo se trata de este hecho inenarrable sino que la película entera es un marasmo exquisito de perplejidades donde la ficción se introduce en la realidad concentrándola, haciéndola más verosímil.

Veamos bien el asunto. La película esta basada en un libro, el libro a la vez está basado en un artículo de una revista que la misma autora del libro publicó años atrás.

Ahora, Charlie adapta dicho libro y crea el guión, sin embargo Charlie rompe con las reglas, no adapta solamente el libro sino su propio momento, ese presente en que le es encomendado adaptar una novela para el cine, el guion entonces deja de ser una simple adaptación y pasa a convertirse en una teoría paradójica de dos historias que se cruzan, el guion comienza a hablar del libro, comienza  a adaptar el libro, vemos como el tipo enamorado de las orquídeas va internándose poco a poco más en los fangos floridos de su propia pasión, vemos su drama, pero esto es solamente una secuela, es algo que viene después; lo que vemos realmente es al propio Charlie enfrentándose contra su crisis creativa, la película comienza con la situación real, Charlie está adaptando un libro, pero hay una barrera en su escritura y entonces la historia que va a adaptar comienza a meterse en su realidad con todos sus personajes, primero es la escritora, interpretada por la bella Meryl Streep, en esta película vemos a una Meryl en toda su madurez, con el aura maravillosa de su interpretación en Manhattan y que parece no envejecer, esta vez la rubia de la sonrisa misteriosa entabla un a verdadera representación de la neurastenia de una mujer desencantada.

Charlie es avasallador, no solo juega con meterse en la película sino que  va introduciendo, adaptando a su propia situación  creativa los personajes que rodean toda su problemática de adaptación, así es como entra en juego la escritora, luego el personaje del libro caracterizado por el fenomenal Chris Cooper y por último nos propone lo imposible que va más allá de lo imposible, la concreta relación con un hermano ficticio que desencadenará como en Amores Perros la escena volcánica, ese encuentro de todas las historias que provoca el clímax escénico donde lo real y lo ficticio son devorados por la pasión, por el sistema límbico, por el cocodrilo de sus propias pulsiones desamparadas, tal y como lo lograra Kim Ki-Duk en Time.
Una hermosa y atroz evidencia de nuestra situación actual donde las redes sociales, los juegos de roles, las realidades simuladas y demás han logrado ya no ser parte de nuestras vidas sino que han logrado involucrarse en nuestros propios laberintos conllevándonos a la despersonalización total, en la Universidad conocí a un tipo que le encantaban los juegos de roles, al final su rol de hombre lobo lo atrapó por completo y años después pude verlo aullando por las calles sin tener conciencia de que todo era un juego.

Bruce Willis en una película que lleva como titulo en español el Sustituto plantea esta inhumana paradoja del hombre que busca remplazo en la ficción, en clones que puedan sustituirlo y darle un respiro de libertad sin embargo esos sustitutos comenzaran a tener voluntad y lo conllevaran a su propia destrucción.

En Primer una de las películas más extraña de todos los tiempos, unos chicos nerds construyen una maquina del tiempo donde el cambio de eventos hace que comiencen a multiplicarse copias de ellos mismos creando destinos casi infinitos que al final no podrán controlar. Una legión de muertos de si mismos es ocultada en el altillo de sus hogares mientras sus vidas van desmoronándose hacia el delirio.

En yo Robot, la distopía gobierna los sueños conllevándolos hacia la realidad, un esquema básico que traza toda la trama también de Minority report o de Donnie Darko o del caso maravilloso que ejecuta David Linch en Carretera perdida.

Sin embargo el tratamiento que Charlie aplica a su guion no sólo entrama estos procedimientos de duplicación, sustitución, irreversibilidad y mezcla de la realidad-ficción sino que estructura una manera ucrónica de contar ya no el pasado sino el presente mismo, no adapta, modifica el presente en el presente, involucra un tratamiento de aporía donde la realidad se rompe al no poder contener lo que antes era imposible; lo que construye es una maquina para  mantener las versiones en el instante de un posible escapismo a uno mismo, elabora una esplendida falacia para hacer creíble la suma de todos los hechos.

Charlie hizo posible su historia dentro de un  tiempo que fluye a la par con la realidad, que postula ya no un paralelismo con el río absoluto del tiempo sino que suministra la posibilidad de generar un diagrama que confluya y recorra dentro de nuestra propia vida la versión imposible de nuestros sueños.

El pavor entonces está en lo que viene, las pesadillas andando por las calles invitadas a las fiestas  en lugar de nosotros porque quizás puedan generar mejor simpatía que la que nosotros mismos podemos dar. Llaman, con sobriedad, a Charlie, el guionista de Cómo ser John Malkovich, nominado en esta ocasión al Óscar de mejor guion adaptado, un momento, no sólo lo llaman a él, están pronunciando el nombre de Donald Kaufman, con entusiasmo. Insólito.

domingo, 26 de diciembre de 2010

BARFLY.



"Cualquiera puede ser un no borracho. Se requiere de un talento especial para ser un borracho. Se necesita resistencia. La resistencia es más importante que la verdad."

Henry Chinasky.

Tres son las películas más conocidas sobre el gran borracho poeta de los Estados Unidos Charles Bukowski, y las tres sin lugar a dudas han intentado con algo de derrota prometer un biopic interesante, sin embargo, hablar sobre Buk es casi imposible, el mismo lo intentó toda su vida, toda su prosa y poesía no hacen más que hablar de su existencia, su tema es el mismo, sus alegatos, odios, rencores, pasiones giran en torno a lo que el consideraba dentro de su humanidad como cierto o falso.

Muchos lo consideran el gran poeta de la postmodernidad, el precursor que fue capaz de escribir después de la generación beat, el escritor que rompió los únicos moldes que hacían falta y que Kerouac no había logrado. Lo ponen por encima de Ginsberg o Burroughs, transformándolo en un ícono no de una tribu hippie sino de una raza alienada por sus propias desgarradas ruinas.

Barfly, película escrita por el mismo Charles, habla sobre esa condición ya no maldita y marginal, Bukowski nunca intentó la marginalidad, sólo se afanaba por ser un vividor que pudiera tener tiempo para escribir, su filosofía de vagabundo planteaba la comodidad en el círculo que fuera, su anarquismo está más cerca de Steiner que de Reclus y por alguna razón su estrafalario sentido de la libertad sólo fue la mascarada para aprovecharse de cuanto pudiera, fue el gánster, el padrino de la poesía y la vagabundería.

Ordinaria locura y Factótum intentaron ser un poco más sobrias mostrando a un Buk que es empujado a esa alienación donde las borracheras son sólo una secuela de una vida que lo ahoga y lo tritura, en cambio Barfly es visceral.

Lo que encanta siempre en Charles es esa visceralidad, esa demostración honesta y cruda de su propia vida, sin pudor alguno. La película dirigida por Barbet Schroder impacta maravillosamente. Si el guión es del gran Hunk, la dirección compagina con dicha genialidad logrando una cinta que sumerge en la sórdida atmosfera de un bar. La película pocas veces sale de esa taberna de mala muerte, pocas veces se ha visto que una película pueda casi toda hacerse dentro de un solo escenario, Barfly casi lo logra.

Además no hay que olvidar la interpretación de Mickey Rourke, verdadera actuación de este actor que se ha constituido en uno de los mejores de la empresa. Sus inolvidables personajes en El luchador de Aronofsky o el rudo Marv de Sin City compiten con esta protagonización juvenil, Mickey lleva al extremo su talento ofreciéndonos un retrato ebrio de un Charles que nunca olvidaremos.

La película Barfly concentra un manifiesto individual sobre la condición humana, toda ella es sólo un acto caprichoso de ir contra las reglas, sin dejar de ser escritor.

viernes, 12 de noviembre de 2010

Red social



"Situación sentimental: me interesa... eso es lo que mueve la vida universitaria, quieres sexo con alguien o no, es por lo que la gente va a ciertas clases, se sienta donde se sienta y hace lo que hace...y en esencia es una consistencia de facebook, la gente se ahorrará toda esa parafernalia, existe la posibilidad de que realmente puedan...echar un polvo"

Red social

Borges afirmó que toda literatura era autobiografía, con lo que quiso declarar un misterio; por un lado afirmó que en toda escritura no podíamos dejar de poner algo de nosotros mismos, algo inevitablemente nuestro y por el otro lado sospechó que en toda autobiografía existía algo de literatura, de ficción, de creación y modificación de los hechos para hacerlos parecer asombrosos o de inclusión, simplemente, de hechos asombrosos.

Esta misma sentencia puede aplicarse al cine. Las películas biográficas más conocidas hoy en día por su expresión inglesa de Biopic (biografic picture), no sólo han servido para llevar el género literario de la biografía al cine sino que han servido para modificarlo de forma extraordinaria.

Toda película biográfica señala la delgada línea narrativa que prodiga insólitamente cosas únicas de sus personajes; el cine se convierte en un biógrafo que a veces logra atrapar el alma de sus personajes trasmitiéndonos interpretaciones de fantasmas tan fidedignas que en muchas ocasiones terminamos amando al personaje histórico real sólo gracias al personaje ficticio que lo encarnó en un filme; pero las biografías cineastas también llevan en paralelo otro señalamiento de una línea que fortuitamente altera el curso a veces de los personajes, de la historia, y de los hechos narrados, inevitablemente consigue hacer con la ficción que lo que se narra se desborde prodigiosamente sobre la mente estupefacta que el espectador equilibra con sus razones para normalizar la irrealidad y de esta manera reforzar la idea del personajes que no hacen sino volverse más fuertes en el tiempo, gracias a esta aventura del celuloide.

Este es el caso del joven multimillonario que creo Facebook, la red social más enganchadora de nuestro siglo. La película rompe con esquemas básicos y prejuicios que se han construido con base en el prestigio y desprestigio que la misma plataforma social y los comentarios sobre la sombra del personaje en cuestión han creado.

El segmento de la biografía no se centra en contarnos la evolución de un genio, nos presenta al genio y se remite a contarnos el breve pero caótico lapso en que este crea, solidifica, defiende y mantiene su obra y su empresa.

Esta película es un ejemplo más allá de lo que se quiera decir o pensar de aspectos relevantes de la organización cognitiva social y laboral que debe tener todo ser humano en el siglo que aguantamos.

La personificación del personaje de Zuckerberg exhibido por el joven talento de Jesse Eisenberg denota sagacidad, templanza, constancia, confianza, malicia, razonamiento deductivo, dialéctico y moral y además nos permite explorar como una mente brillante no sólo debe pensar en su creación románticamente, ese aspecto parnasiano del arte por el arte, sino que debe evolucionar con la idea de reconocer que toda obra genial conlleva a dos cosas: bienestar y evolución, en este sentido, el arte no como instrumentación betjaminiana sino como producto satisfactorio de nuestro esfuerzo que vale la pena explotar porque se trata de la mina íntima que hacemos universal.

Ya habrá quienes piensen que la película es una adaptación excelente del libro de Ben Mezrich; Multimillonarios por accidente: La fundación de Facebook, una historia de sexo, dinero, genio y traición” hecha esta por el genial David Fincher, pero que más allá de esto, sólo demuestra es la interpretación fidedigna de un ser real mezquino y ambicioso.

Estas opiniones pueden ir y venir, sin embargo lo único que logran, es consolidar todavía “mucho” más el éxito de este largometraje.

Hay más cosas; la banda sonora, sutil y catalizadora de momentos de suspenso y ese elenco maravilloso de actores que catapultan con su juventud y su capacidad la película “Red Social” como una de las mejores que se han presentado durante el año, trabajado con maravillosa complejidad las intrigas alrededor de un momento genial de un personaje histórico.

Otro aspecto; el último por revelar;:la carencia de esa digitalización obsesiva por los efectos especiales. En esta película asistimos a un realismo crudo suavizado con la más delicada de las técnicas literarias posibles: la sobriedad y esa “compleja sencillez”, como diría Borges, del estilo único que sólo he visto en dos literatos: de Quincey y Capote.

martes, 9 de noviembre de 2010

Los sospechosos de siempre



“El mejor truco que el diablo hizo fue hacerle creer al mundo que no existía”. Verbal Kint (la cita en realidad es de Baudelaire, pero en verbal Klint adquiere todo el peso siniestro)


El género policiaco y negro se llevan muy bien de la mano, tanto que muchas veces es muy difícil decidir si un libro o una película pertenecen a uno u otro género.

A Edgar Allan Poe, Borges lo calificó equivocadamente como el padre del género policiaco, cuando el alcohólico lo fue más del género del suspenso y el horror. A esta aseveración, un poco cierta, lo llevó quizás su gusto por las historias de Aguste Dupin que se basaban más en los crímenes que en la solución ética de los casos. Así mismo Alfred Hitchock ha sido muchas veces señalado como precursor de diferentes géneros, entre ellos el cine policíaco, a pesar de que “Crimen perfecto” es un paradigma de lo que es el cine verdaderamente policíaco, no podemos decir por eso, entonces, que Alfred sea el epónimo de dicho género.

Buscar un pabilo de estás manifestaciones del celuloide sólo nos llevará a un camino que se basa en un injerto entre el cine negro y el cine de gansters que ayudaron a enriquecer los escritores de la escuela de la intriga detectivesca negra estadounidense y los de la escuela de la observación deductiva inglesa. Ambos con nombres muy propios: Arthur Conan Doyle y Agatha Cristhie por el lado de Europa y Dashiell Hammett y Raymond Chandler por el lado de Estados Unidos; precursores veraces de las tramas que opacaron las mafias, los vaqueros y las intrigas amoroso-éticas de principios del siglo XX.

Si hay que trazar una distinción entre lo negro y lo policiaco podremos decir que el primero se especializa en el crimen mientras que el segundo profundiza en la justicia. Pero hay casos donde lo uno termina pervirtiendo a lo otro o donde lo último termina degenerando lo primero.

Lo que si es seguro es que el cine tiene todo su origen en la literatura y que como afirmó Cabrera Infante en su libro “Cine o sardinas” este arte hijo de la tecnología quizás ha sido el único que ha logrado imponerse como alternativa ante la literatura.

Como Cabrera, soy uno de los que nació viendo cine, el asombro se inició en la infancia y desde entonces sigo asombrado. Pero en este tema del cine policíaco son pocas las películas que podría enlistar como inolvidables.

Las hay, claro está, pero son muy contadas. “Los Intocables”, “La jungla de asfalto”, “Chinatown”, “Escarface” o las entregas demoledoras de “Justicia salvaje” con el durísimo y adorado Charles Bronson que nutrieron los años dorados y que sirvieron para definir la silueta de figuras memorables de la justicia como Harry Callaghan o el inmortal James Bond y de esa irreducible sombra de la justicia tomada por las propias manos que dio tantos vengadores sin ley.

Hay que agregar a este recordatorio dos actores, que aunque son más nombrados por su rudeza heroica de bizarros hombres mercenarios lograron una que otra apertura en el género; tal es el caso de mi queridísimo Sylvester Stallone y del carismático Mel Gibson siempre con sus compañeros al borde de la muerte.

Pero nunca había visto una película que lograra una mixtura de tantas cosas juntas; el crimen, el suspenso, el drama, el humor, la acción y la complejidad cineasta, entrecruzadas en una historia que atrapa desde el principio hasta el fin.

“Los sospechosos habituales” o “Los sospechosos de siempre”, del dueto Bryan Singer y Christopher Mcquarrie, el uno como director y el otro como libretista en una película única en su clase.

Este filme inaugura dos chistes psicológicos: la aporía y la paradoja. Todo es verdad hasta que llegas al lugar sin salida y lo que afirmas es lo que niegas. Una historia donde se logra la maravillosa hazaña por primera vez en la historia del cine de crear un personaje sólo con diálogos, un personaje existente, que como el señor Oscuro Sauron, aunque nunca es visto, es quién amarra todas las zapatas de la estructura fílmica.

Hay una película que intenta esta maravillosa trama de enrarecimiento narrativo, donde la mentira es mantenida hasta el final; estoy hablando de “Los infiltrados” de Martin Scorsese, pero no logra la tomada de pelo tan seria que realiza “los sospechosos de siempre” al espectador.

Una película donde uno no busca armar el rollo sino donde no lo van armando minuto a minuto y donde nos es inevitable creerlo. El final sorprendente. Una verdadera película que en mi caso sólo podré comparar con un cuento: “La muerte y la brújula”, de Borges, donde su antagonista Red Scharlach está a la misma altura de Verbal Kint. El primero que engaña partir de una “red” de símbolos, tal y como no lo informa su primer nombre y el segundo porque logra convencernos de que todo lo que confiesa es verdad y lo logra tan sólo por medio de su “verbo” tal y como lo dice su primer nombre.

Una última cosa: los actores, todos, geniales, desde Kevin Spacey hasta Benicio del Toro nos introducen en esa creencia absoluta de que…el diablo, no existe. Pero cuanto se le teme.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Delicatesen





Siempre que veo una película de Jean Pierre Jeunet siento unas extrañas emociones de exaltación y euforia que al parecer devienen del concepto que me he construido sobre su cine y que de una u otra forma determinan mi motivación respecto al gusto que merecen sus largometrajes.
Hay varios puntos clave que singularizan el arte de Jeunet, desde que vi “Amelie” o “largo domingo de noviazgo” y hasta “Alien la resurrección” advertí ciertos caracteres que lo individualizaban y lo dejaban a un lado, de lo que podríamos denominar cine de tendencia independiente y cine comercial. Sus filmes están dirigidos por cuatro relevantes atributos: 1. Los colores suavizados en sepia y realzados en ocres revelan un espíritu colorista emergente e innovador que suelen captar muy bien sus directores de fotografía. 2. El absurdo injertado al humor negro y esté experimento incrustado dentro de historias surrealistas trazan una línea muy delgada entre lo increíble y lo atroz. 3. La bizarra utilización de personajes ordinarios o mejor es decir extrañamente cotidianos produce siempre una atmosfera circense y 4. Las típicas inclusiones de omnipresencia con voces en off o circunscritas a monólogos y pensamientos paradójicos y el uso de collages fotográficos a los detalles promueven una señal de exploración de patrones necesariamente iterativos.
Este es un resumen técnico muy precario pero bastante gestáltico de lo que es el cine de Jeunet. Todas las películas al parecer tienen un sello patriótico. Las películas norteamericanas se reconocen por esa exagerada digitalización de cualquier color, gesto e ilusión especial en los efectos. Las películas latinas se señalan con sólo advertir en ellas el performance amarillista que dan a toda narración y que no pueden dejar de contextualizar dentro de los limites de un discurso siempre tercermundista, además está el sello indistinguible de los dialectos y la visualización acostumbrada de la representación propia de una cultura tradicionalmente arraigada en una dimensión modernista; el cine Europeo, tampoco escapa a esta clasificación, es muy parecido al latino, tiene la misma bizarra tendencia de contextualización y limitación idiosincrática de los saberes y las culturas, se hunde en la raíz de sus tradiciones y plasma sobre la pantalla historias que por lo general sólo son innovadoras en la reproducción de técnicas fílmicas artesanales que se elevan a la categoría de arte expresionista; en el caso del cine oriental tenemos dos tendencias: el asiático y el árabe-hindú; el primero glorificado por el pedestre paisaje dimensionado en narraciones épicas o marciales y que se identifica por su configuración cerrada de sus personajes; en el caso del árabe-hindú tenemos que reconocer que este ha logrado un avance técnico y narrativo impresionante, a pesar de estar todavía acostumbrado a la reproducción milenaria de sus regiones desérticas y su intocable narración de miserias humanas este cine hoy por hoy logra identificarse por dos cualidades más: la representación nítida de un nuevo estilo de visualización poli cromática y la utilización de personajes extremadamente jóvenes que revelan el cambio de paradigmas, es una inclusión de cisma postmodernista que debería estar ocurriendo en Latinoamericana o en Europa pero que sólo se está empezando a dar en oriente.
Sin embargo en el cine europeo hay señales antiguas de una producción artística inmejorable en cualquier otro país, esta escuela ha hecho posible el cine del pathos surrealista. El drama onírico que Estados Unidos no hace más que copiar con remakes, ejemplos, “Déjame entrar”, “Abre los ojos”, “El experimento” son sólo algunas de las malas adaptaciones que se han hecho de la artesanía cinematográfica europea.
Pero el cine de Jaunet no creo que sea posible adaptar a las configuraciones digitalizables de Estados Unidos.
Un modelo, la película “Delicatesen”, este filme pos-apocalíptico no se parece en nada a la tendencia de escombros, ruinas y degeneración de la raza humana que muestran los gringos, es más “Delicatesen” es la representación de un mundo no extinguido o al borde de la extinción sino de un mundo catastróficamente demente conservado por la cúspide de su degeneración esquizofrénica. Es la representación de un mundo que sobreviene a la locura o que sólo es posible imaginarlo desde la soberanía de la locura. El mundo entregado a la anarquía de lo irrazonable.
“Delicatessen” sin embargo otorga a esa clase de ordenamiento social unas predisposiciones que hacen que lo macabro se sostenga por un orden que se basa en las necesidades básicas. El hambre, la protección, el bienestar nuclear de la familia, la soledad y el amor como ejes irracionales que promulgan nuevas disposiciones generales al comportamiento humano.
Una obra tenaz que hace reír y sobre todo pensar. En ella esta lo básico de Jaunet, las cuatro características de su cine se lanzan vertiginosamente en una secuencia de imágenes y narraciones que elevan el término de escatología al nivel de símbolo dentro de una obra maestra.
Escenas inolvidables que sólo son posibles imaginarlas desde ese margen europeo, una película que sólo es posible conservar en los límites de la creación Pierre Jeunetesca.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Primer



El astrofísico británico Stephen Hawking en un coloquio en Cambridge afirmó que avances como la clonación o las modificaciones genéticas eran fenómenos inevitables en el futuro, se quisieran o no. Esta afirmación de un genio no parece nada genial, la sospecha de esta evolución circunda el mundo actual. Sin embargo, la fuerza y trascendencia de la afirmación radica en el método con el que la piensa. "Es inevitable", dice, he ahí lo asombroso.
Sugerir que algo es o va a ser inevitable es riesgoso en muchos sentidos, no obstante estoy de acuerdo con el matemático inglés. Lo que me genera incertidumbre y desasosiego es que estas técnicas con el pasar del tiempo, como todo, lleguen a ser de uso público y ordinario.
El filme de Shane Carruth habla sobre eso.
Ver una película compleja obedece a dos criterios: el primero que lo complejo se base en la técnica narrativa y dos que lo que se narra sea complejo en si mismo.
Shane fusiona ambas cosas, ver su película no es fácil, sin embargo no es imposible, más bien, es enganchadoramente atrayente.
Cualquier persona puede sentirse motivado a querer entender el meollo científico rutinario y común en el que Carruth mete conceptos tan elevados volviéndolos sospechas comunes y desgracias vaticinadas.
“Primer” es una película que habla de la clonación y los agujeros de gusano, de la experiencia de viajar en el tiempo y de los riesgos que pueden darse si no se logra manejar muy bien la estadística de las probabilidades y la teoría del caos. En fin, la película es un rollo sobre las delicadas imaginaciones que todos los científicos desde Einstein hasta Sagan han temido.
Pero lo maravilloso de la película está en la combinación de los los ejes con que Carruth logra presentarnos estos temas. Por un lado está la técnica narrativa: así como “Memento”, “Las vidas posibles de Mr Nodbody”, “La fuente de la vida” o “Irreversible” logran su cosmos narrativo en “Primer” asistimos a una particular forma de poder ver una historia.
Ahora, aunado a este sorprendente artificio nos encontramos con la trama, en si misma, realmente compleja. Puede que uno logre entender a primera vista la película, su tema, su juego con las paradojas científicas pero comprender la historia que se cuenta a través de sus personajes y como se llega a ese desenlace macabro de no identidad, es la magia del director.
Cabe resaltar esta película como un complejo visual y narrativo excelente. No sólo se preocupa por exhibirnos las problemáticas que traería consigo el jugar con la clonación sino que consigue trasladarnos a una plataforma futura donde lo inevitable, como dijo el genio británico, será tan posible como ir a la tienda a comprar pan.
Ver esta película nos deja con una pesada carga de razonamientos que vale la pena generarse, no es para verla una sola vez, es para verla y estudiarla.
Es para reflexionar sobre la implicación que a veces el mundo puede llegar a tener dentro de la cotidianidad que ha ido creando respecto a sus mismas complejas evoluciones.
Lo más importante, la sobriedad con que se nos narra la vida posiblemente…inevitable.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Donde habitan los monstruos



Toda maravillosa historia de fantasía inevitablemente adquiere más asombro si se involucra dentro del mundo infantil. Se cuenta que Lewis Carroll el gran pastor y matemático británico solía inventar historias, mientras paseaba en su bote, a las tres hijas del matrimonio Liddell. Lo más fantástico era que la menor de las chicas; Alice, solía interrumpirlo constantemente en el transcurso de sus narraciones, lo que obligaba a Lewis a modificar, sobre la marcha, sus historias. Se cuenta que el 13 de noviembre Lewis escribió en su diario el inicio de su obra: "Alicia en el país de las maravillas”, y en un pie de página le explicaba al lector imaginario que el libro era la respuesta definitiva a un reto que le había impuesto la joven Alice.

No obstante, podemos concluir que, quizás, la obra más fantástica de las fábulas infantiles modernas no hubiese sido posible sin la implicación necesaria y bienaventurada de una niña.

La historia la conocemos muy bien; una niña cansada de la rutina y con una alta dosis de imaginación logra colarse a otra dimensión a través de un espejo, al llegar a ese otro mundo, lo que deviene es una odisea infantil que al igual que la historia de Homero se basa en la necesidad de sortear todas las aventuras para poder volver a casa.

Siempre había pensado en una versión masculina; imaginar ese mundo pero atravesado o vivido por un niño, un pequeño hombrecito cruel y alocado. Algunas versiones como “Narnia”, “El laberinto del fauno”, “James y el durazno gigante” o “El extraño mundo de Jack”, han trabajado el tema pero desde una posición gregaria infantil donde se deduce que el protagonista inevitable o eje conductor siempre termina siendo es un agente femenino o un mágico objeto, pero es en la película “Donde viven los monstruos” de Spike Jonze, donde se logra el deseo por primera vez en la historia de observar el mundo de Alicia desde los ojos de un Niño.

En “Historia sin fin” hay algo, un bosquejo, un intento, pero es en la obra de Spike Jonze donde la fantasía, tal y como un niño puede concebirla desde su naturaleza auténtica, logra toda su clímax.

Cuando se comienza a verla, inmediatamente viene a la mente la analogía Carrolliana, uno comienza por decirse; “vaya, una versión de Alicia pero con niño”, pero Jonze no se queda sólo en ese aspecto, el director sin ser un matemático tenaz como Lewis logra algo quizás más complejo; interioriza en las angustias reflejas y en las proyecciones emocionales que sobreviven en el interior de los humanos desde la infancia y que se ven personificadas en la imagen maravillosa de monstruos que contienen dentro de si todas las pulsiones del ser humano.

Algo muy similar a lo que pasa en “Monsters, Inc.” De Peter Docter, advirtiendo que en esta a pesar de la gran afinidad fantástica, el actor principal es una niña.

“Donde habitan los monstruos” es una película simplemente maravillosa. Un modelo de fantasía que profundiza en la psicología desde un vértice emocional sorprendente; esta dimensión de mundos paralelos esta vez no se da por medio de un espejo, un armario, un objeto extraordinario, impronta definitiva que se instauró en las historias mágicas desde Aladín hasta Borges, sino que se instala en el mundo real a través de un viaje sin brújula, llegar a esta otra dimensión esta vez sólo está dado por la voluntad. La película recurre a un recurso más antiguo y que inevitablemente pertenece a Homero; el viaje como forma posible de traslación hacia otra dimensión, herramienta artística que utilizaron otros grandes como Defoe, Poe, Swift o Verne.

El niño huye y en su escape: comportamiento y deseo encarnado en toda naturaleza humana, descubre un nuevo mundo, un mundo que a medida que vamos reconociendo, entendemos que se trata simplemente de una bitácora interior por la creatividad del infante.

En este sentido el viajar ahora no se trata de un acto de movimiento exterior que se ve fecundado por las impresiones exógenas sino que se transforma en una actividad mística donde el viaje es una exploración endógena de la intimidad. Este mismo fenómeno se advierte en una obra filosófica de un colombiano: Fernando Gonzalez Ochoa; en su libro “Viaje a pie” nos define esta forma de filosofar hacia adentro como una de las formas de pensamiento más elevado.

Al ser el viaje una forma de descubrimiento interno, el viajar toma una nueva concepción, se instituye como develar y ese develar misteriosamente se queda en un descubrir que parte de adentro hacia adentro como las muñecas “etruskas”; el niño filosofa y construye una categoría alterante, su delirio no se basa en la concepción imaginaria de sus temores o ambiciones sino en la materialización fantástica de sus razonamientos sobre esos temores y ambiciones. El niño genera la dialéctica más hermosa pensada sólo para poder entender sus propias pulsiones y lograr así un avancé evolutivo dentro de su comportamiento. El niño es la versión platónica de la caverna o la mejor versión actual del epígrafe que escribió Nietzsche para su Zoroastro.

“Donde habitan los monstruos" es una película que deja muchas cosas; desde la psicología es sólo la muestra de las dificultades infantiles que manifiestan muchos infantes dentro de la sociedad contemporánea, desde otras esferas, es una obra de arte, un reflejo de las ulceras de la sociedad o un mero divertimento, para mi, es la mejor versión de un niño… en el país de las maravillas

viernes, 29 de octubre de 2010

Las vírgenes suicidas



El apellido Coppola suele tener una profunda repercusión en el ambiente del cine y de los cinéfilos. No obstante, este apellido se cierra a la anchura del personaje en cuestión que se ha considerado como uno de los mejores directores de cine de todos los tiempos, así, con esta monumental fama legendaria, concebir que otra persona con el mismo apellido logre hacer buen cine, resulta una locura, sin embargo sucede. Sofía, hija del maestro del drama compite contra su padre en una película que desde el inicio promete ser inolvidable.

“Las vírgenes suicidas” no sólo es un drama típico de lo que se vive en las familias nucleares y lo que los hijos viven bajo la presión del mundo que los arrasa con su azaroso y energúmeno avance. El filme ahonda en algo más delicado; se incrusta en la revelación por solucionar el enigma de la psiquis humana dentro de factores alterantes que promueven la misma racionalidad extrema de la humanidad.

La tesis de la película no solo gira en torno a las chicas que una a una van siendo piezas desencadenadamente empujadas por una causa provocada sino que sumergen al resto de la sociedad en su marasmo destellante; los chicos que dejan toda su niñez al abandono cruel de la nada por la elección ilusionada de un entendimiento amoroso les saca de toda realidad posible y los mete en la narración exclusiva e imposible de un narrador que monologa una de las historias más deprimentes y estéticamente bien contadas de la sociedad.

Las vírgenes suicidas mantienen una tensión entre la polarización por el desencantamiento de sucesos dados a un azar trágico y al ambivalente filamento que une esta serie de causas efectos psicológicos con un malestar de una cultura obsesionada en sus dogmas, tradiciones, tabúes y trastornos.

Una micro-esencia del gusano que roe toda la raza humana, un breve vistazo a la enfermedad humana, La película deja claro que lo que daña al ser humano no es el mismo ser humano sino su incapacidad por resolver de forma satisfactoria sus necesidades, angustias y limitaciones.

Los padres anestesiados ante la cordura de una línea estrictamente civilizada que en el negativo de sus elegancia conservadora demuestran una extrema barbaridad; los jóvenes como receptáculos de una ingenuidad falseada por los códigos civiles y ultrajados por la seducción de los deseos instintivos del hombre; las mujeres como chivas expiatorias de la fuerza demoledora de la costumbre gravitatoria de una monotonía enfermiza que doblega la voluntad y el albedrio; y la sociedad concurrente a este escenario como público servil y cómplice de una evolución degenerativa e inoculadora de la libertad y su sentido estrictamente individual.

La película nos golpea, cada escena es un puñetazo certero contra la mandíbula de nuestras creencias y conformidades, es un rasgamiento de velos que inutiliza nuestro carácter.

Vale diez veces ver esta película lograda bajo fotografías impresionantes suavizadas por el halo de una feminidad exuberante que demuestra la fragilidad en todo momento de la película misma. Es de esas películas que uno ve con suma sutileza por temor a que se rompa como un viejo jarrón chino si se deja caer en la distracción de las cosas que se nos hacen difíciles de entender.

Con tintes fantásticos de documental, voces rompecabezas, y el extrañamiento de plegar el tiempo para proponernos la versión integra de un pasado o un presente, la película simplemente se puede concebir como la obra maestra de una autónoma artista que le ganó a su maestro.

lunes, 18 de octubre de 2010

Los amantes del círculo polar


Algunas películas tienen un halo húmedo y de recuerdo, no sé de donde vendrá esa impronta de que todo recuerdo visual se presenta bajo el esquema de algo opaco, nublado, con visos de una transparencia alucinatoria que parece más estar erigida sobre una nube que sobre el rígido sostenimiento de los sentimientos.


Yo sólo he podido experimentar dicha sensación algunas veces: Iba en la moto, ascendiendo hacia el páramo de las letras entre los departamentos de Caldas y Tolima en Colombia; del lado izquierdo el barranco, del lado derecho el abismo. De pronto una niebla débil comenzó a taparme, todo se convirtió en recuerdo, estaba de pronto conduciendo en una película, trasegar ese trayecto fue alucinatorio, al salir de ese pasadizo todo volvió a ser nítido, los árboles antes fantasmas a mi lado eran tan reales ahora, el abismo que antes se proponía irreal ahora espantaba con su silbato en el fondo. Otra fue en el alto de los llanos en el departamento de Antioquia en Colombia, sobre la cumbre que es como una meseta, la niebla se echa a pastar propiciando una atmosfera fantasmagórica, pero al adentrarse uno en ese ambiente todo se vuelve recuerdo.


Quizá este recurso y esta sensación sea producto de las técnicas maravillosas del cine.

Recordar es buscar a manotazos en la niebla. Así es la película de Médem: “Los amantes del círculo polar” son un recuerdo, un olvido, un marasmo de añicos rescatados de la niebla interior que tanto llevamos cada uno en nuestros corazones.

A decir verdad, son muy pocas las películas de amor que han logrado impactarme, quizá porque el tema del amor es realmente difícil de trabajar. Sin embargo Médem lo recrea con una alucinante historia.

Todo en la película esta dado para que uno reflexione sobre lo que debe ser el amor, sobre como debe abarcarse el amor y el amar.

La importancia de esta película radica en el poder hipnótico que tiene, nos obliga a interrogarnos y a imaginarnos formas de amar y a ver en nuestros amores aquellos detalles, no pequeños, sino aquellos detalles abstractos, escondidos en las cosas más obvias que son la base de una historia romántica.

Claro está que esta película no sólo se queda allí sino que nos plantea un hecho antropológico hermoso. Nos presenta al hombre en su condición más inocente y desde su intención más encarnada: la búsqueda de la integridad, del reconocimiento consciente de saber bien lo que se es a través de una situación específica, la entrega a un sueño, a un sentimiento.

El filme, es más bien, cabría decirlo así, una colección de objetos amorosos o que sirven para definir situaciones amorosas, los amantes en sí son apenas un pretexto que el director se hace para plasmar el orden de los patrones románticos.

Las tonalidades no sólo repercuten como impresiones plásticas sino que convierten al color, ejemplo el azul, en características de sentimientos o emociones como el deseo.

La inserción de elementos lingüísticos aporísticos tales como los palíndromos, hasta el apellido del director es una palabra abierta a esa definición, y que decir de los nombres de los personajes, pero más allá de estas señales ya reportadas en la película, el palíndromo se edifica aquí como un recurso que establece dos lecturas: la película siempre gira en torno a dos lecturas tal y como lo es un palíndromo y las dos lecturas son la misma cosa: El amor.

Una cosa extrañamente interesante son los detalles vacíos o secretos que quedan ahí sólo resueltos para que el observador se obsesione con ellos.

La frase escrita en un avión de papel es como toda la película es una invitación a buscar en nuestro pasado aquellas mismas frases que uno solía escribir y que por razones de tiempo y tendencia rutinaria de los días dimos en olvidar como gestos urgentes de lo que era amar para nosotros.


Frases inolvidables como: “algo desconocido se metió en lo conocido” de Ana, o la del compromiso inocente de amor eterno que hace Otto a su madre: “cuando se acabe la gasolina, me bajo a empujar”, son estrictamente distracciones que nos sacan del filme para ir hacia nuestro propio huracán de amor.
Inolvidable. Vale la pena tenerla.