lunes, 3 de junio de 2013
Prometeo.
sábado, 21 de mayo de 2011
domingo, 26 de diciembre de 2010
CLEPSIDRA.

La soledad llena de blancos.
El hombre viene
Con una lengua espiralada de silencio,
De su boca sólo brota una cesura flemática
Pero aprenderá a decir,
A ser un hombre de aquí,
Se poblará con nostalgia y con deseo.
El llanto sólo es el augurio.
Negras aves vuelan en la sombra de la espera,
Las vísceras hablan de frágil sangre,
De una melancolía resignada a morir.
Cortan el cordón dorado.
El ángel grita,
Un dolor despierta el corazón.
El reloj de arena comienza a correr el tiempo.
LA CRUCIFIXIÓN SIN PENA.

El Factótum lanzó una zalema justa para la pasión de la crucifixión.
Observó el sol rojizo del véspero que
comenzaba a llegar como un punto a la deriva,
lentas garzas era sus zaguales.
El redentor tenía amarrado un pequeño algodón entre sus piernas,
Parecía una zalea puesta a secar entre dos leños.
Cuervos tuertos en la silueta de la tarde
zaherían los últimos trozos ruborizados de los zigomas
pero el estoico silencio del nazareno espantaba los graznidos.
Un zurrón fue lanzado sobre una alfombra por el zumbel del artesano:
Bailaron dormidas las abejas en lo profundo de la cera,
Bailaron los vegetales desangrados en al calor de las espermas,
Bailaron en el foro mantequillosas estrellas que luego Van Gogh recordaría.
El crucificado parecía enternecer el viento con un zureo hipnotizante
o zurcir con su lúcida compasión los ojos aguados de las magdalenas.
Una gota de pecho de golondrina se diluyó en la zafra
y sobre el zarzo las manos del zahorí comenzaron a sanar.
No se sabe que extraña atmosfera pobló de ceniza el zigurat de la muerte
pero sí que el guiño del anciano tranquilizó a las beatas.
La zaga del crepúsculo suponía una luna llena.
El Gólgota era una zapa de calaveras empaladas como chapolas del terror.
Modelar el rostro no fue fácil, sin embargo, la sombra no daba espera al avatar.
Por el viejo camino, algunos recordaron ver rodar un carruaje,
peregrinos quizá que evitaban el cadalso.
Cuando los soldados bajaron el cuerpo ante el primer rayo de calor de aquel día
no fue la sonrisa encontrada entre los cabellos arruinados por la sangre de buey
sino el cuerpo que comenzaba a derretirse entre sus manos
lo que los hizo huir despavoridos y apostatar uniéndose al candelabro de la estrella.
domingo, 19 de diciembre de 2010
ALEGATO LÚDICO

Intento hablar de esta cosa pegajosa y cierta,
De estas incertidumbres que tropiezan con el viento,
De estas veraces intuiciones de saber que lo que tengo es algo
O por lo menos que lo que ha pasado y me convierte
sirve para llamarlo todo.
Yo la siento tan viril y abrumadora
Que a veces me encuentro
Fatigando huidas
En ese irme tan de siempre que es lo mío.
Son mis ganas anegadas, depresivas
llenas de furia e intenciones crueles
ganas que ensayan triturando
eso que a los otros les parece tan obvio y encarnado.
Son impulsos de acabar con todo menos con lo mío
Con moler lo digno que enmascara tanta cara y tanto día
De coger a puñetazos esos símbolos que no me dicen nada
Solo desaciertos de esta esencia,
mentiras de esta entidad oleante
Que me cruza marea entre las venas.
Yo le busco nombre a esta cosa arisca
vertiginosa y ruda
Que me empuja siempre
contra un marasmo de libertad perturbadora.
Pruebo con tantas cosas evidentes:
Hormigueros húmedos que ignoran los relojes
Y que son más perfectos que una hora de empleado,
Paisajes que ahogan los pulmones
De tanto aire y sueño hinchando la alegría,
Remolinos de cosas infinitas
brotando desconcertadas de luz entre la noche
o apenas, para ser más indiscutibles
las meras ganas que me sueltan
todo el amor en tu rostro dormido por fatigados besos.
Intento confesar que no nací para ladrillo,
Para verme la calvicie entre las canas,
para sentir como se ríe el estrés entre las lágrimas
o el mero traje apretando el cadáver de lo que no fue vida.
Quiero declarar
Que no le tengo nombre todavía
A lo que me hace tan contrario a todo,
tan pérfido, arriesgado y loco.
Que me gusta irme a veces de mi mismo
Y volver conmigo hasta mi conmigo
Que no me suena a bien el silencio pudriéndose entre ganas
Que soy irreverente
Que me gusta de muy dentro todo lo que niego
Que al fin de cuentas soy libre
Sin saberle nombre a lo que me satisface vida
Que me gusta esta cosa pegajosa y cierta
Al fin de cuentas
que me abruma día a día
hasta explotarme vivo.
viernes, 17 de diciembre de 2010
LA GEISHA LITERARIA

No tenías maestría en letras,
No regodeabas con un título
Bajo el brazo
De psicología autoral
Ni esperabas yescas de gratitud
Por tu compañía alegrándome
mi mutismo aciago
De estatua de sal escribiendo el holocausto.
Sólo eras rosada
Como la piel de los bebés
Y tu silueta delgada
Intensificaba tiernamente los silencios.
Tenías manos delgadas
Y un sabor erguido de ternura en cada seno.
Siempre me perdía entre tus labios
Que eran el origen de toda seducción
Y cuidabas esmeradamente tu cabello
Que me enseñó la suavidad dela noche.
Tenías la maestría
De un lector hedónico
Presto a desnudarse en cualquier instante.
Corregías mis escritos
Con la prudencia femenina
Que reconoce las ganas de piélago urgente
Que todo poema
Buscaba entre tus manos.
Me conociste
Mientras tu cuerpo me develaba
Los rincones más delicados del amor.
No descubrí ojos más soñados
Que los que tenían tu mirada.
Como hacen de falta
Tus delgadas manos
Propiciando hazañas de piel y clímax
A mi perturbada soledad.
Escribo este poema
Con la sombra de tus besos.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
TEMOR PLATÓNICO.

Le temo al amor.
A no poder guarecerme debajo de una sombra
Mientras se descomponen poco a poco las palabras,
Al ruido profiriendo un castañeo espasmódico entre las costillas.
Le temo a sus gruñidos resistiendo el olor de la ebriedad,
A su mirada tronando como tendones al apretar un puño.
Lo más pánico; la soledad intentando atrapar la caricia desbandada
Como un aprisco de nubes que se derrumban sobre un espejo de agua.
Por eso
Yo le temo a la borrosa forma de un beso que trastornó el olvido.
Tuvimos todo el cinismo para amarnos sobre montones de cadáveres;
Alguien nos mostró la cloaca y los huesos germinando como chapolas
Y sin embargo nos atrevimos a desgarrarnos la piel con suspiros.
Ignorábamos la sombra de un animal pervertido que nos acechaba;
Su vaho envejeciendo con sañudo musgo las piedras
Parecía un ciempiés viniendo hacia nosotros desde la noche de los tiempos.
Poco a poco nos fue ganando terreno y pudimos advertir
Como los ojos se nos comenzaban a perder en un tizne bajo de cenizas.
Pero pensábamos que era el hambre o el delirio tatuándonos las ganas.
Pudimos perder las palabras, igual nos sobraron siempre para sabernos
Pero hubo noches en que queríamos pronunciar algo que iluminara la tristeza.
Le temo al amor por su letanía de moscas en fila
Esperando la cadaverina que parimos con entusiasmo en la costumbre.
Al rencor que nos producimos en la fragua más oxidada de los desvelos,
A las retiradas del cuerpo como si algo en nuestra piel oliera a antiguos enemigos.
Yo me reservé, gracias a las distraídas cutículas de mi memoria,
Tiernas imágenes de alguien que fuiste y me amó hasta el espejismo.
Pero le temo al amor,
Al cuerpo de Cupido extendido sobre la mesa de la morgue
Cómo un ave con sus alas abandonadas de vuelos lejanos,
Desvanecidas y mojadas sin más presencia que su ruina.
Temo vaciar el pozo de mis deseos y hallar monedas oxidadas
Que no recuerdan su propósito.
Temo a santos quebrados en mil pedazos
sin atisbos de susurros de amor entre su yeso.
Le temo al amor sin nosotros,
A ese presentimiento agazapado
Escondiéndose, perseverante todavía,
Del animal nauseabundo que lo aguarda.
Le temó al amor que me dejó envejecido
Acariciando pétalos marchitos que nunca regalé,
Le temo al amor que a su muerte, me incubó el Alzheimer,
Por cada trozo perdido de un fui que se fue al silencio para siempre.
No debimos amarnos con tantas luciérnagas delatándonos
Pero que podíamos saber
Cuando un beso nos había hecho alcanzar la inmensidad de las secuoyas.
Ahora lo sabemos
Valió la pena sufrir el factor de invernadero,
Las siete plagas, la succión del agujero.
Pero Le temo...
Al no poder dejar, amor,
De pronunciar tu nombre.
CONJURO LINGÜÍSTICO SIN LENGUA EN QUÉ LENGUAJE.
Por el Plexo sacro saco sacrilegios,
De las chacras evito el chancro,
del pito la anfisbena.
No tengo hogar en que huirme
ni escape para estarme
pero por el terruño presto al barro acreditado en prestaciones
o por un doblez de carambola saltimbanqui en la gallera
estentóreo espúmeo tan repleto de estorbo y de estanquillo flaco
diría blasfemando lo que pienso hablando lo que no se escribe
que si fuera a hablar entonces digo lo que dije.
pero si de lo sabroso queda el piélago entonces me comería hasta el cartílago;
ya del yoga yo no allego pero ayuno yeso
y si eso no me basta entonces resto
aniquilo y borro de nuevo todo esto.
sacrílega prestidigitación
cuando el mago después del polvo desvanece
se desbanca o en un tejemaneje se abracadabra en su propio escamoteo.
yo he visto como de un agujero se saca panela hoyo a hoyo los gusanos
y es tanto el alboroto después de cortada en trazados trozos la longeva
que se recuerda apenas que fue una ulcera esmerada
lo que mató por la espalda a la que de hambre se creyó anorexia.
Vuelvo a comenzar iconoclasta para no tumbar los santos hieráticos en cismas.
Todo se muerde la cola por cabezas,
si bien lo que esta arriba debe estar abajo.
Yo me quedé con la memoria, la palabra fue la incierta, el mensaje lo certero,
Coja usted lo que le sirva porque el chuzo ya lo cierro.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Monólogo del despojador

MONÓLOGO DEL DESPOJADOR
A los que sin querer queriendo....
omito incluyendo
De que vale…
Vela, mmmmm,
puede ser un armazón henchido contra el viento
o una joven destrozando con silencio el cadáver.
Vale!!!
pero no lo compro.
No entiendo,
hay un ruido de costras en los ojos
y la mente no comprende
que hicieron el poema.
Palabra aquí,
tambor sonando allá,
pincelada de abstracto
queriendo solo ser sonido.
Disloquemos,
mandemos al infierno el sentimiento del poeta,
que las palabras ya no digan y
si dicen
que hablen de nada que es lo mismo:
cuentaportinacostrinado
es igual a
oda ni ir tosco aní torpeda en la atención.
Ya no sé ni lo que escribo,
verso,
reverso,
sopeso,
terso.
Intuyo que se me cae la madeja,
me he agujereado la concabeza
y ya no sé si lo que garabateo es un poema.
Ya vendrá el que diga:
muy bien!!!
este perro tiene labia
y el pedigrí se le nota en los ramajes.
Pero en realidad,
esto,
es una mera escafandra
para atisbar uñas enterradas en un reloj sin lupa y
sin mica que lo alumbre.
Canturretevetriando
chiflo un taxi en mi cabeza
y en la otra acera alguien me mira cavernícola,
con una tea en alto
dice no saber mi lengua:
tijera-tejiendo-cortando-tijeteras…
y maúlla una onomatopeya para que pueda rasguñar el tiempo.
Ya voy de largo
y no termino
de decir aún lo que no es nada.
Siento pulgas
succionado leche
y retruécanos que nunca suelen vagar entre las tetas.
Hay un lector.
Se rasca la mandíbula,
dice saber que tiene veinte pelos en la lengua
y un formalista ruso peandose en el verso.
Viene y viene
cosa tras cosa a este cascajo,
rabia,
olor de mierda en la asentadera de la reina,
un cd
que no sirve para insertarlo
como estética que se planta y se riega
hasta que crezca como crece un poema.
Creo que esta vaina
es muy difícil,
yo no sé de experimentos con palabras,
no quiero no decir nunca he dicho nada diciendo lo que digo,
no busco paradoja,
ni paja en los poemas,
mejor dejo esto
a saltimbaquis,
a loqueros,
a tiovivos
y payasos.
Mejor
que el minimalista que cree diseñar un nuevo acertijo
venga y plasme su firma de rastrojo y cosa varada en el mensaje.
Que venga el futuro
con su incomunicable libro de parodias y aporías
parecidas a un ornitorrinco.
Que vengan los puzzles de tangrams sin oficio,
que todo vela y vale lo que
coños comen taberniando
convirtiendo en vomito el poema.
Que sigan escribiendo
mientras chatean con su sombra en un escupitajo,
que piensen que la inspiración no existe
y que si existe es porque ellos la inventaron.
Verbo
y nada en el gerundio.
Artículo de nosotros es él en tú,
que diablos digo!!!
Que sigan habiendo cosas intangibles,
cosas como este demonio
que me retuerce lo invisible.
Que vengan a ponerle la cascabel al gato
que pinta y repinta este maltrato a las palabras.
Que yo también he osado sin respeto
esta maldiciencia.
Exorcizo con esto
que no sé si quiera o no quiera poesía,
lo que otros ya muchas veces han dicho es una mierda
yo seguiré
mientras tanto
acariciando la felpuda ternura
de este día,
haciendo y deshaciendo el alma
en el huso de una lágrima
que brota y rueda alegre
al final
de lo que pudo ser poeta.
LA RONDA FANTASMA.

Piedra, papel o tijera,
escarabajo se busca en el aire.
Ahondando de adentro hacia fuera
la salida de la ninfa ya tiene seis patas.
Piedra, papel o tijera,
tres líneas y el trique le pinta las plumas,
el gallo tensando el pescuezo
pisotea las reglas dispuestas en fila.
Piedra papel o tijera,
la mano se queda en la fiesta,
el niño gatea de espaldas,
luciérnaga arrullando la noche.
Piedra papel o tijera,
el niño vacila en el juego,
la noche es un hoyo
por donde se filtra lo negro.
Piedra papel o tijera,
el puño cabe en la palma,
dos dedos recortan la mano,
la tiniebla se encoje de hombros.
Piedra papel o tijera,
los niños miran las llamas,
dejan su coro y se aprestan al sueño,
el infinito se abisma y pupila.
Piedra papel o tijera,
se sigue escuchando
en lo oscuro de nada.
Piedra papel o tijera,
el coro repite y repite
los tres elementos precisos
que mantienen, a los niños, fantasmas.
DEL PORQUÉ DE LAS DECISIONES DE ALGUNOS HOMBRES

A mi padre.
Introducción.
Desde adentro
mi alma decadente de pájaro famélico,
exhortadora de distancias paranoicas,
expulsa maldiciones a algún orate,
que cargando con la máscara de un dios estéril,
desdibuja las falsas esperanzas,
los mutilados ensueños,
la materia de una ciencia estancada,
el frágil desamor de las tabernas y
los acicalados versos de los muertos.
¿No soy yo acaso la silueta
desmentida de la historia,
el encorvado búho cadavérico,
el hacedor de un cernícalo de alas celestinas…?
Alegato.
La cara de los días jugó rayuela
en el patio de mi infancia
dejándole al azar el turmequé de los años.
La niebla y la noche incorrupta
disfrazadas de hechiceras ciegas
trazaron en la mente manías,
agüeros, cronopios, selvas y cascadas,
cuevas, cervezas y llantos olvidados.
Tu sombra de Gilgamesh resucitado
tejía en el huso de mis sueños
una materia de cristalizados sentimientos.
Las horas pasaban en el laberinto mimoso de tus libros.
Solo, imaginando la presencia de tu sangre,
fantaseaba creando tu figura en las paredes.
La infancia se fue detrás de caracolas y cangrejos
dejando en el pecho del pequeño
un espectro de soledad.
Así aprendí a crear engendros de palabras,
a cazar escorpiones y falsos agoreros,
a ponerle aldaba a la puerta de los labios
y buscar entre las noches
una esperanza entre los brazos de alguna Melusina.
La noche llegaba con sus vagidos y oscuras conspiraciones
arremetiendo la piel contra erizados nerviosismos.
De pronto, sin creerlo,
una evolución más delicada que el tiempo
hizo que aquel niño sepultador de fantasmas moribundos
se convirtiera en la crisálida desleal de tus entrañas.
De nada sirvió el parecido de los rostros melancólicos
ni crear juntos, en el aire, a dos manos,
poesías, cuentos, palabras inconformes,
cronosofías, denuestos, psicologías,
desconsuelos, aventuras y silencios.
De nada sirvió que, en el vacío de tus sueños,
tejiéramos alegres y a una sola puntada
la piel gélida de los muertos sin cerebro,
que nuestros ojos atisbaran las mismas señales de los vientos,
los mismos senos fortuitos detrás de las iglesias.
De nada bastó conocer el pasado abriendo heridas en las manos
y la voz de bisonte viejo de mi abuelo.
No le eches la culpa a tus falsificados errores de hechicero,
no busques en el pincel la línea de mis pasos,
no intentes hallar en tus poemas mi destino,
ni el augur, ni el báculo inexistente de los dioses arcillosos
han de asegurarte el desvarío de mi sangre.
Antes de que partas al mundo de tus óleos,
antes de que se canse de vagar por las calles
el mapamundi de tus ojos,
¡detén la marcha!
y como un buscador de ecos
acerca tu oreja de murciélago asombrado
al cóncavo suelo de mi alma.
No soy un cíclope ni un peligroso taumaturgo,
no creo en lágrimas ni en redenciones,
tampoco soy tu sombra o
el otro yo que te navega en el cerebro.
No hallé mi destino en los mapas de tu rostro.
Recuerda viejo amigo de indígena piel enamorada:
el destino es la prolongación lenta de los actos.
La memoria y el sueño vagan en mi cuerpo
como eternos enemigos.
Despedida.
Llevo en mi canasta de curiosidades
El asombro y el juego por costumbre,
estos no me harán inmortal como quisieras
pero al menos me llevarán satisfecho hacia la nada
(en el fondo de mi nebulosa mente hay un redentor histérico
que moldea el vuelo de las mariposas).
Algún día me tragaré de un solo bocado las ilusiones
y me iré de la tarde, como una golondrina,
buscando el país fantasma de mis desventuradas decisiones.
sábado, 11 de diciembre de 2010
Vísceras

Habrá un día desmigajado:
Al medio día los rayos del sol
Se empalarán sobre las espinas de los cactus
Y no habrá miedo para tumbar de una pedrada
Al viento.
Un día con olor a carroña
Y perros revolcando su hocico entre las entrañas
de algo perdido en la basura.
Un día con número áureo descomponiéndose
En la concha de un caracol amnésico.
Sí…
Como quisiera ser una luz de cebo en lo abismal
Para tragarme a un dios ingenuo en la tiniebla.
Ya llegará!
Habrá un día donde los cuerpos floten en el lodo
Y una mariposa se arruine para siempre sin volar.
Te digo:
Yo tengo un chirriar de grillos escamoteando el silencio
Y un charco repleto de siniestros rosarios que croan al infinito.
Recuerda:
La vida tiene el peligro de una carretera mojada
Y por entre los matorrales un laberinto de indios
desenfundan cuchillos para acabar con los suspiros.
Habrá un día,
Un día eterno de sol o lluvia
Donde todos lancen su última jugada;
Donde escuchen premonitorios
La llegada de la nada
Con sus dos mil cabezas
Susurrándoles su espanto.
Cuando se presiente la muerte
Se tiene el poder de un oráculo
Impotente en su silla de ruedas:
A unos se les acaba el oxígeno
A otros el combustible
A todos
El aparato a cuestas
Se les viene encima
Para siempre.
Soñé?, no,
Viví,
Yo los vi
con sus trapos rojos devorando el miedo
y sus lechuzas aleteando sobre la cabeza.
Habrá un día con machetes erguidos
Buscando la parte más blanda del mundo
Y el amor entonces tendrá la cara pintada
Para que contrabandistas y borrachos
Le den un poco de ron y espacio en su tropa.
Mi nostalgia todavía inunda el tiempo
y como la misma muerte, va borrando,
Una a una, las constelaciones de cocuyos
Que poblaron cada telaraña de mi pastar.
Habrá un día de tierra curtida
Resbalando al primer tropel de truenos
Y un invierno de floripondios
Se llevará la memoria.
Lo sé;
de ojos y miradas lo supe:
una noche
en la orilla
Una Pantágora limpiando el pescado
Mientras arrojaba las vísceras a los ojos de los caimanes
Que alumbraban la playa como faros naufragados
Me dio el primer bautizo.
Desde entonces una melancolía de ahogado
conjura a mi Madre-agua.
Mi corazón es una vara hundida en el río
Que trae noticias de lo maravilloso:
de un zarpazo ahogando atarrayas
y cabellos flotando como peces
hinchados de susto a la deriva;
Nadie sale a pescar en la noche
A menos que tenga ganas de sirenas y silencio.
Por eso te digo:
Un beso que es destripado en mitad de la zozobra
No hace florecer los penachos de orgullo
en el pavo real que da cuerda a los relojes,
La ternura parece carne destazada arrojada a las fieras
Y un humo deshilvanado entre las ganas perdidas parece un gorigori.
Habrá un día reseco donde la palabra se arrastre
Y la voz silbe viejos corrales de espuelas masacrando;
Quizás te desnude y sobre tus senos dibuje una cruz
Y a la hora de los buitres asoleándose con sus alas extendidas
Parta tu cuerpo con un hacha
Como si de un mero leño se tratara
O quizás te cosa con cáñamo el tórax
Y te eche al mar como carnada.
Cualquier cosa:
Enroscar tu cuerpo en forma de cinta de moebius
O ensartarlo con gancho de carnicero un sábado
Con tal de no entrever tu lágrima
Pariéndose sola en la ventana.
Habrá un día en que las penas sabrán a hormigas tostadas,
Donde cambie mi esqueleto por ceniza
Y la ceniza viaje por fin, libre de la atadura de las venas.
Un día por fin con poesía de la autopsia
Desgarrándome las entrañas
Hasta encontrar el alma.
Habrá un día, te lo digo, te lo juro,
Que no tenga amanecer;
Con diablos repartiendo fuete a diestra y siniestra,
Con temblores meciendo la locura en su cuerda floja
Y caras de mí, desesperadas, empuñando sobre el pescuezo
una navaja sonriendo brillante.
Un día
Como este,
Te digo,
Quizás así.
sábado, 27 de noviembre de 2010
ODISEA
ENCUENTRO

El viejo recorrió la plaza.
Caminó por todo el malecón.
Saludó.
Esperó el atardecer.
A punto de volver, ya resignado,
en los ojos de otra anciana,
que lo llamó por su nombre,
reconoció la infancia.
El mar, de pronto, se arremolinó.
Volvió a sentir, con algo de nostalgia,
el lomo de gato de la espuma entre sus piernas
y perdido en la retrospectiva de sus recuerdos
jugó una vez más, quizá la última, con las olas.
Argos se llamaba.
Ulises el Océano.
La anciana desapareció en la tela.
NOCTURNO DEL MENDIGO
martes, 23 de noviembre de 2010
A una Joven.

Es difícil darte la cara
con tanto miedo y dolor encima.
Hablarte sin desbaratarte la juventud
y el impulso de tragarte el viento.
Sin desplomarte las iniciales
que comienzas a comprender y que son mentira.
Es difícil sentirte tan tierna
y a la vez con tantas ganas de explotar el mundo.
Con esa boquita que maldice
y escupe balas de humo, ilusiones y promesas.
Es difícil llegarte callado,
con mi angustia y la ruina ensalzándose en los labios.
Con las manos crispadas de horror
por ver tanto fervor dentro de una piel tan bonita.
Es difícil, llegarte así,
creyendo que se puede ocultar el pasado en silencio,
en las pocas palabras, en las cicatrices,
en cada valle que dejaron las lágrimas.
Es difícil no sentir ansiedad
cuando veo en tus libros
las letras que llenaron de sombra mis manos
o de reconocer en los colores
con que escribes tus convicciones
la rabia que hizo brotar a borbotones la sangre.
Es difícil mantenerme alejado,
sin tanta niebla y cansancio,
dejando afuera de tu curiosidad mis tristezas.
Es difícil escucharte
sin recordar a mis muertos
cada vez que se ilumina tu carita rebelde,
sin ver en tus ojos redondos
el entusiasmo que repitieron sus huesos.
Es difícil sentarme a tu lado,
sentir que no debo,
que nadie debe enseñarte el camino
y callar la locura y maldad
que se agrieta en mis puños.
Es difícil quedarme a tu lado
no huir o desear esfumarme
por reconocerme en tus gestos
y presentir la agonía.
Es difícil.
no protegerte, no avisarte, no sugerirte,
no salvarte.


