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lunes, 3 de junio de 2013

Prometeo.




Fui creciendo, perplejo, como alumbrando a tientas,
Como replegando la tiniebla sin saber siquiera su intención
De poner en blanco la memoria.
Y si ahora te digo, queriendo borrar las lágrimas
Porque está a veces esa ansiedad de redimir olvidando
Es, porque siento el vulgar oficio de delatar la ulcera.  Todas las incurias.

Mis ojos se han ido pudriendo de soledad,
De escuchar desde lejos el sopor de la confabulación
Y los tantos hedores que dejaron en su camino los susurros.

De la infancia tengo sólo un rostro ignorante,
Onírico  y empotrado a la palma de la saudade como otra dolorida distracción.

Fue mucho después,
En los años cuando le da por crecer con fuerza la desidia
Cuando comprendí que los gestos eran la revelación de muchas heridas parecidas al desprecio,
Que  resguardar el ánimo era encender máquinas hipócritas resolviendo la inclemencia de la cotidianidad;
O que olvidar un descuido podía someter la eternidad a Días alargados como la melancolía,
Yo mismo empujé  con desmán muchas ilusiones por abismos que no tenían regreso.

Eso que fue configurando los sueños
Se convirtió en resentimiento
Y supe que todos teníamos por dentro esa agua mala constreñida y veraz para mirar resignados
El plomizo aburrimiento.

Me dieron ganas de llorar por saber de la muerte tan temprano
Y por saber que nada había más incomunicable
Que la agonía después de ese justo momento de desamparo y blasfemia.

Este hombre caminó por casi todos los lugares que nadie podrá señalar,
Este hombre nunca existió y, sin embargo,
Creo aun que me parieron para sentir la corona de todas las espinas.

Que no hay nada más certero que saberse degradable, no renovable ni en los sueños.

Supongamos,
La lápida,
Cada bosquejo de silencios aferrándose a empresas despellejadas por el tiempo.
Supongamos,
El cansancio,
Inventariando la experiencia para poder mirar con el mismo insulto todos los cariños.

Pero hay palabras que incompresibles parecen abrir gemidos, son como portales de un incendio.

Hay puertas que sólo sirven para entrever el escarmiento.
Soledades que abundan hasta ser toda la tristeza
Yo he llorado
Por saber todas estas cosas
Y ahora ustedes.



domingo, 26 de diciembre de 2010

CLEPSIDRA.



La soledad llena de blancos.

El hombre viene

Con una lengua espiralada de silencio,

De su boca sólo brota una cesura flemática

Pero aprenderá a decir,

A ser un hombre de aquí,

Se poblará con nostalgia y con deseo.

El llanto sólo es el augurio.

Negras aves vuelan en la sombra de la espera,

Las vísceras hablan de frágil sangre,

De una melancolía resignada a morir.

Cortan el cordón dorado.

El ángel grita,

Un dolor despierta el corazón.

El reloj de arena comienza a correr el tiempo.

LA CRUCIFIXIÓN SIN PENA.

Poema del libro inédito "Expediente Amelie"

El Factótum lanzó una zalema justa para la pasión de la crucifixión.

Observó el sol rojizo del véspero que

comenzaba a llegar como un punto a la deriva,

lentas garzas era sus zaguales.

El redentor tenía amarrado un pequeño algodón entre sus piernas,

Parecía una zalea puesta a secar entre dos leños.

Cuervos tuertos en la silueta de la tarde

zaherían los últimos trozos ruborizados de los zigomas

pero el estoico silencio del nazareno espantaba los graznidos.

Un zurrón fue lanzado sobre una alfombra por el zumbel del artesano:

Bailaron dormidas las abejas en lo profundo de la cera,

Bailaron los vegetales desangrados en al calor de las espermas,

Bailaron en el foro mantequillosas estrellas que luego Van Gogh recordaría.

El crucificado parecía enternecer el viento con un zureo hipnotizante

o zurcir con su lúcida compasión los ojos aguados de las magdalenas.

Una gota de pecho de golondrina se diluyó en la zafra

y sobre el zarzo las manos del zahorí comenzaron a sanar.

No se sabe que extraña atmosfera pobló de ceniza el zigurat de la muerte

pero sí que el guiño del anciano tranquilizó a las beatas.

La zaga del crepúsculo suponía una luna llena.

El Gólgota era una zapa de calaveras empaladas como chapolas del terror.

Modelar el rostro no fue fácil, sin embargo, la sombra no daba espera al avatar.

Por el viejo camino, algunos recordaron ver rodar un carruaje,

peregrinos quizá que evitaban el cadalso.

Cuando los soldados bajaron el cuerpo ante el primer rayo de calor de aquel día

no fue la sonrisa encontrada entre los cabellos arruinados por la sangre de buey

sino el cuerpo que comenzaba a derretirse entre sus manos

lo que los hizo huir despavoridos y apostatar uniéndose al candelabro de la estrella.

domingo, 19 de diciembre de 2010

ALEGATO LÚDICO




Intento hablar de esta cosa pegajosa y cierta,
De estas incertidumbres que tropiezan con el viento,
De estas veraces intuiciones de saber que lo que tengo es algo
O por lo menos que lo que ha pasado y me convierte
sirve para llamarlo todo.

Yo la siento tan viril y abrumadora
Que a veces me encuentro
Fatigando huidas
En ese irme tan de siempre que es lo mío.

Son mis ganas anegadas, depresivas
llenas de furia e intenciones crueles
ganas que ensayan triturando
eso que a los otros les parece tan obvio y encarnado.

Son impulsos de acabar con todo menos con lo mío
Con moler lo digno que enmascara tanta cara y tanto día
De coger a puñetazos esos símbolos que no me dicen nada
Solo desaciertos de esta esencia,
mentiras de esta entidad oleante
Que me cruza marea entre las venas.

Yo le busco nombre a esta cosa arisca
vertiginosa y ruda
Que me empuja siempre
contra un marasmo de libertad perturbadora.

Pruebo con tantas cosas evidentes:
Hormigueros húmedos que ignoran los relojes
Y que son más perfectos que una hora de empleado,
Paisajes que ahogan los pulmones
De tanto aire y sueño hinchando la alegría,
Remolinos de cosas infinitas
brotando desconcertadas de luz entre la noche
o apenas, para ser más indiscutibles
las meras ganas que me sueltan
todo el amor en tu rostro dormido por fatigados besos.

Intento confesar que no nací para ladrillo,
Para verme la calvicie entre las canas,
para sentir como se ríe el estrés entre las lágrimas
o el mero traje apretando el cadáver de lo que no fue vida.

Quiero declarar
Que no le tengo nombre todavía
A lo que me hace tan contrario a todo,
tan pérfido, arriesgado y loco.
Que me gusta irme a veces de mi mismo
Y volver conmigo hasta mi conmigo
Que no me suena a bien el silencio pudriéndose entre ganas
Que soy irreverente
Que me gusta de muy dentro todo lo que niego
Que al fin de cuentas soy libre
Sin saberle nombre a lo que me satisface vida
Que me gusta esta cosa pegajosa y cierta
Al fin de cuentas
que me abruma día a día
hasta explotarme vivo.

viernes, 17 de diciembre de 2010

LA GEISHA LITERARIA



No tenías maestría en letras,
No regodeabas con un título
Bajo el brazo
De psicología autoral
Ni esperabas yescas de gratitud
Por tu compañía alegrándome
mi mutismo aciago
De estatua de sal escribiendo el holocausto.

Sólo eras rosada
Como la piel de los bebés
Y tu silueta delgada
Intensificaba tiernamente los silencios.

Tenías manos delgadas
Y un sabor erguido de ternura en cada seno.

Siempre me perdía entre tus labios
Que eran el origen de toda seducción
Y cuidabas esmeradamente tu cabello
Que me enseñó la suavidad dela noche.

Tenías la maestría
De un lector hedónico
Presto a desnudarse en cualquier instante.

Corregías mis escritos
Con la prudencia femenina
Que reconoce las ganas de piélago urgente
Que todo poema
Buscaba entre tus manos.

Me conociste
Mientras tu cuerpo me develaba
Los rincones más delicados del amor.

No descubrí ojos más soñados
Que los que tenían tu mirada.

Como hacen de falta
Tus delgadas manos
Propiciando hazañas de piel y clímax
A mi perturbada soledad.

Escribo este poema
Con la sombra de tus besos.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

TEMOR PLATÓNICO.




Le temo al amor.
A no poder guarecerme debajo de una sombra
Mientras se descomponen poco a poco las palabras,
Al ruido profiriendo un castañeo espasmódico entre las costillas.

Le temo a sus gruñidos resistiendo el olor de la ebriedad,
A su mirada tronando como tendones al apretar un puño.

Lo más pánico; la soledad intentando atrapar la caricia desbandada
Como un aprisco de nubes que se derrumban sobre un espejo de agua.

Por eso
Yo le temo a la borrosa forma de un beso que trastornó el olvido.

Tuvimos todo el cinismo para amarnos sobre montones de cadáveres;
Alguien nos mostró la cloaca y los huesos germinando como chapolas
Y sin embargo nos atrevimos a desgarrarnos la piel con suspiros.

Ignorábamos la sombra de un animal pervertido que nos acechaba;
Su vaho envejeciendo con sañudo musgo las piedras
Parecía un ciempiés viniendo hacia nosotros desde la noche de los tiempos.
Poco a poco nos fue ganando terreno y pudimos advertir
Como los ojos se nos comenzaban a perder en un tizne bajo de cenizas.
Pero pensábamos que era el hambre o el delirio tatuándonos las ganas.

Pudimos perder las palabras, igual nos sobraron siempre para sabernos
Pero hubo noches en que queríamos pronunciar algo que iluminara la tristeza.

Le temo al amor por su letanía de moscas en fila
Esperando la cadaverina que parimos con entusiasmo en la costumbre.
Al rencor que nos producimos en la fragua más oxidada de los desvelos,
A las retiradas del cuerpo como si algo en nuestra piel oliera a antiguos enemigos.

Yo me reservé, gracias a las distraídas cutículas de mi memoria,
Tiernas imágenes de alguien que fuiste y me amó hasta el espejismo.

Pero le temo al amor,
Al cuerpo de Cupido extendido sobre la mesa de la morgue
Cómo un ave con sus alas abandonadas de vuelos lejanos,
Desvanecidas y mojadas sin más presencia que su ruina.

Temo vaciar el pozo de mis deseos y hallar monedas oxidadas
Que no recuerdan su propósito.
Temo a santos quebrados en mil pedazos
sin atisbos de susurros de amor entre su yeso.

Le temo al amor sin nosotros,
A ese presentimiento agazapado
Escondiéndose, perseverante todavía,
Del animal nauseabundo que lo aguarda.

Le temó al amor que me dejó envejecido
Acariciando pétalos marchitos que nunca regalé,
Le temo al amor que a su muerte, me incubó el Alzheimer,
Por cada trozo perdido de un fui que se fue al silencio para siempre.

No debimos amarnos con tantas luciérnagas delatándonos
Pero que podíamos saber
Cuando un beso nos había hecho alcanzar la inmensidad de las secuoyas.

Ahora lo sabemos
Valió la pena sufrir el factor de invernadero,
Las siete plagas, la succión del agujero.

Pero Le temo...
Al no poder dejar, amor,
De pronunciar tu nombre.

CONJURO LINGÜÍSTICO SIN LENGUA EN QUÉ LENGUAJE.




Por el Plexo sacro saco sacrilegios,
De las chacras evito el chancro,
del pito la anfisbena.

No tengo hogar en que huirme
ni escape para estarme
pero por el terruño presto al barro acreditado en prestaciones
o por un doblez de carambola saltimbanqui en la gallera
estentóreo espúmeo tan repleto de estorbo y de estanquillo flaco
diría blasfemando lo que pienso hablando lo que no se escribe
que si fuera a hablar entonces digo lo que dije.

pero si de lo sabroso queda el piélago entonces me comería hasta el cartílago;
ya del yoga yo no allego pero ayuno yeso
y si eso no me basta entonces resto
aniquilo y borro de nuevo todo esto.

sacrílega prestidigitación
cuando el mago después del polvo desvanece
se desbanca o en un tejemaneje se abracadabra en su propio escamoteo.

yo he visto como de un agujero se saca panela hoyo a hoyo los gusanos
y es tanto el alboroto después de cortada en trazados trozos la longeva
que se recuerda apenas que fue una ulcera esmerada
lo que mató por la espalda a la que de hambre se creyó anorexia.

Vuelvo a comenzar iconoclasta para no tumbar los santos hieráticos en cismas.
Todo se muerde la cola por cabezas,
si bien lo que esta arriba debe estar abajo.
Yo me quedé con la memoria, la palabra fue la incierta, el mensaje lo certero,
Coja usted lo que le sirva porque el chuzo ya lo cierro.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Monólogo del despojador


MONÓLOGO DEL DESPOJADOR

A los que sin querer queriendo....

omito incluyendo

De que vale…

Vela, mmmmm,

puede ser un armazón henchido contra el viento

o una joven destrozando con silencio el cadáver.


Vale!!!

pero no lo compro.


No entiendo,

hay un ruido de costras en los ojos

y la mente no comprende

que hicieron el poema.


Palabra aquí,

tambor sonando allá,

pincelada de abstracto

queriendo solo ser sonido.


Disloquemos,

mandemos al infierno el sentimiento del poeta,

que las palabras ya no digan y

si dicen

que hablen de nada que es lo mismo:

cuentaportinacostrinado

es igual a

oda ni ir tosco aní torpeda en la atención.


Ya no sé ni lo que escribo,

verso,

reverso,

sopeso,

terso.


Intuyo que se me cae la madeja,

me he agujereado la concabeza

y ya no sé si lo que garabateo es un poema.


Ya vendrá el que diga:

muy bien!!!

este perro tiene labia

y el pedigrí se le nota en los ramajes.


Pero en realidad,

esto,

es una mera escafandra

para atisbar uñas enterradas en un reloj sin lupa y

sin mica que lo alumbre.


Canturretevetriando

chiflo un taxi en mi cabeza

y en la otra acera alguien me mira cavernícola,

con una tea en alto

dice no saber mi lengua:

tijera-tejiendo-cortando-tijeteras…

y maúlla una onomatopeya para que pueda rasguñar el tiempo.


Ya voy de largo

y no termino

de decir aún lo que no es nada.


Siento pulgas

succionado leche

y retruécanos que nunca suelen vagar entre las tetas.


Hay un lector.

Se rasca la mandíbula,

dice saber que tiene veinte pelos en la lengua

y un formalista ruso peandose en el verso.


Viene y viene

cosa tras cosa a este cascajo,

rabia,

olor de mierda en la asentadera de la reina,

un cd

que no sirve para insertarlo

como estética que se planta y se riega

hasta que crezca como crece un poema.


Creo que esta vaina

es muy difícil,

yo no sé de experimentos con palabras,

no quiero no decir nunca he dicho nada diciendo lo que digo,

no busco paradoja,

ni paja en los poemas,

mejor dejo esto

a saltimbaquis,

a loqueros,

a tiovivos

y payasos.


Mejor

que el minimalista que cree diseñar un nuevo acertijo

venga y plasme su firma de rastrojo y cosa varada en el mensaje.


Que venga el futuro

con su incomunicable libro de parodias y aporías

parecidas a un ornitorrinco.


Que vengan los puzzles de tangrams sin oficio,

que todo vela y vale lo que

coños comen taberniando

convirtiendo en vomito el poema.


Que sigan escribiendo

mientras chatean con su sombra en un escupitajo,

que piensen que la inspiración no existe

y que si existe es porque ellos la inventaron.


Verbo

y nada en el gerundio.

Artículo de nosotros es él en tú,

que diablos digo!!!


Que sigan habiendo cosas intangibles,

cosas como este demonio

que me retuerce lo invisible.


Que vengan a ponerle la cascabel al gato

que pinta y repinta este maltrato a las palabras.


Que yo también he osado sin respeto

esta maldiciencia.


Exorcizo con esto

que no sé si quiera o no quiera poesía,

lo que otros ya muchas veces han dicho es una mierda

yo seguiré

mientras tanto

acariciando la felpuda ternura

de este día,

haciendo y deshaciendo el alma

en el huso de una lágrima

que brota y rueda alegre

al final

de lo que pudo ser poeta.

LA RONDA FANTASMA.



Piedra, papel o tijera,

escarabajo se busca en el aire.

Ahondando de adentro hacia fuera

la salida de la ninfa ya tiene seis patas.


Piedra, papel o tijera,

tres líneas y el trique le pinta las plumas,

el gallo tensando el pescuezo

pisotea las reglas dispuestas en fila.


Piedra papel o tijera,

la mano se queda en la fiesta,

el niño gatea de espaldas,

luciérnaga arrullando la noche.


Piedra papel o tijera,

el niño vacila en el juego,

la noche es un hoyo

por donde se filtra lo negro.


Piedra papel o tijera,

el puño cabe en la palma,

dos dedos recortan la mano,

la tiniebla se encoje de hombros.


Piedra papel o tijera,

los niños miran las llamas,

dejan su coro y se aprestan al sueño,

el infinito se abisma y pupila.


Piedra papel o tijera,

se sigue escuchando

en lo oscuro de nada.


Piedra papel o tijera,

el coro repite y repite

los tres elementos precisos

que mantienen, a los niños, fantasmas.

DEL PORQUÉ DE LAS DECISIONES DE ALGUNOS HOMBRES



A mi padre.

Introducción.

Desde adentro

mi alma decadente de pájaro famélico,

exhortadora de distancias paranoicas,

expulsa maldiciones a algún orate,

que cargando con la máscara de un dios estéril,

desdibuja las falsas esperanzas,

los mutilados ensueños,

la materia de una ciencia estancada,

el frágil desamor de las tabernas y

los acicalados versos de los muertos.

¿No soy yo acaso la silueta

desmentida de la historia,

el encorvado búho cadavérico,

el hacedor de un cernícalo de alas celestinas…?

Alegato.

La cara de los días jugó rayuela

en el patio de mi infancia

dejándole al azar el turmequé de los años.

La niebla y la noche incorrupta

disfrazadas de hechiceras ciegas

trazaron en la mente manías,

agüeros, cronopios, selvas y cascadas,

cuevas, cervezas y llantos olvidados.

Tu sombra de Gilgamesh resucitado

tejía en el huso de mis sueños

una materia de cristalizados sentimientos.

Las horas pasaban en el laberinto mimoso de tus libros.

Solo, imaginando la presencia de tu sangre,

fantaseaba creando tu figura en las paredes.

La infancia se fue detrás de caracolas y cangrejos

dejando en el pecho del pequeño

un espectro de soledad.

Así aprendí a crear engendros de palabras,

a cazar escorpiones y falsos agoreros,

a ponerle aldaba a la puerta de los labios

y buscar entre las noches

una esperanza entre los brazos de alguna Melusina.

La noche llegaba con sus vagidos y oscuras conspiraciones

arremetiendo la piel contra erizados nerviosismos.

De pronto, sin creerlo,

una evolución más delicada que el tiempo

hizo que aquel niño sepultador de fantasmas moribundos

se convirtiera en la crisálida desleal de tus entrañas.

De nada sirvió el parecido de los rostros melancólicos

ni crear juntos, en el aire, a dos manos,

poesías, cuentos, palabras inconformes,

cronosofías, denuestos, psicologías,

desconsuelos, aventuras y silencios.

De nada sirvió que, en el vacío de tus sueños,

tejiéramos alegres y a una sola puntada

la piel gélida de los muertos sin cerebro,

que nuestros ojos atisbaran las mismas señales de los vientos,

los mismos senos fortuitos detrás de las iglesias.

De nada bastó conocer el pasado abriendo heridas en las manos

y la voz de bisonte viejo de mi abuelo.

No le eches la culpa a tus falsificados errores de hechicero,

no busques en el pincel la línea de mis pasos,

no intentes hallar en tus poemas mi destino,

ni el augur, ni el báculo inexistente de los dioses arcillosos

han de asegurarte el desvarío de mi sangre.

Antes de que partas al mundo de tus óleos,

antes de que se canse de vagar por las calles

el mapamundi de tus ojos,

¡detén la marcha!

y como un buscador de ecos

acerca tu oreja de murciélago asombrado

al cóncavo suelo de mi alma.

No soy un cíclope ni un peligroso taumaturgo,

no creo en lágrimas ni en redenciones,

tampoco soy tu sombra o

el otro yo que te navega en el cerebro.

No hallé mi destino en los mapas de tu rostro.

Recuerda viejo amigo de indígena piel enamorada:

el destino es la prolongación lenta de los actos.

La memoria y el sueño vagan en mi cuerpo

como eternos enemigos.

Despedida.

Llevo en mi canasta de curiosidades

El asombro y el juego por costumbre,

estos no me harán inmortal como quisieras

pero al menos me llevarán satisfecho hacia la nada

(en el fondo de mi nebulosa mente hay un redentor histérico

que moldea el vuelo de las mariposas).

Algún día me tragaré de un solo bocado las ilusiones

y me iré de la tarde, como una golondrina,

buscando el país fantasma de mis desventuradas decisiones.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Vísceras



Habrá un día desmigajado:

Al medio día los rayos del sol

Se empalarán sobre las espinas de los cactus

Y no habrá miedo para tumbar de una pedrada

Al viento.


Un día con olor a carroña

Y perros revolcando su hocico entre las entrañas

de algo perdido en la basura.


Un día con número áureo descomponiéndose

En la concha de un caracol amnésico.


Sí…

Como quisiera ser una luz de cebo en lo abismal

Para tragarme a un dios ingenuo en la tiniebla.


Ya llegará!

Habrá un día donde los cuerpos floten en el lodo

Y una mariposa se arruine para siempre sin volar.


Te digo:

Yo tengo un chirriar de grillos escamoteando el silencio

Y un charco repleto de siniestros rosarios que croan al infinito.


Recuerda:

La vida tiene el peligro de una carretera mojada

Y por entre los matorrales un laberinto de indios

desenfundan cuchillos para acabar con los suspiros.


Habrá un día,

Un día eterno de sol o lluvia

Donde todos lancen su última jugada;

Donde escuchen premonitorios

La llegada de la nada

Con sus dos mil cabezas

Susurrándoles su espanto.


Cuando se presiente la muerte

Se tiene el poder de un oráculo

Impotente en su silla de ruedas:

A unos se les acaba el oxígeno

A otros el combustible

A todos

El aparato a cuestas

Se les viene encima

Para siempre.


Soñé?, no,

Viví,

Yo los vi

con sus trapos rojos devorando el miedo

y sus lechuzas aleteando sobre la cabeza.


Habrá un día con machetes erguidos

Buscando la parte más blanda del mundo

Y el amor entonces tendrá la cara pintada

Para que contrabandistas y borrachos

Le den un poco de ron y espacio en su tropa.


Mi nostalgia todavía inunda el tiempo

y como la misma muerte, va borrando,

Una a una, las constelaciones de cocuyos

Que poblaron cada telaraña de mi pastar.


Habrá un día de tierra curtida

Resbalando al primer tropel de truenos

Y un invierno de floripondios

Se llevará la memoria.


Lo sé;

de ojos y miradas lo supe:

una noche

en la orilla

Una Pantágora limpiando el pescado

Mientras arrojaba las vísceras a los ojos de los caimanes

Que alumbraban la playa como faros naufragados

Me dio el primer bautizo.


Desde entonces una melancolía de ahogado

conjura a mi Madre-agua.


Mi corazón es una vara hundida en el río

Que trae noticias de lo maravilloso:

de un zarpazo ahogando atarrayas

y cabellos flotando como peces

hinchados de susto a la deriva;

Nadie sale a pescar en la noche

A menos que tenga ganas de sirenas y silencio.


Por eso te digo:

Un beso que es destripado en mitad de la zozobra

No hace florecer los penachos de orgullo

en el pavo real que da cuerda a los relojes,

La ternura parece carne destazada arrojada a las fieras

Y un humo deshilvanado entre las ganas perdidas parece un gorigori.


Habrá un día reseco donde la palabra se arrastre

Y la voz silbe viejos corrales de espuelas masacrando;

Quizás te desnude y sobre tus senos dibuje una cruz

Y a la hora de los buitres asoleándose con sus alas extendidas

Parta tu cuerpo con un hacha

Como si de un mero leño se tratara

O quizás te cosa con cáñamo el tórax

Y te eche al mar como carnada.


Cualquier cosa:

Enroscar tu cuerpo en forma de cinta de moebius

O ensartarlo con gancho de carnicero un sábado

Con tal de no entrever tu lágrima

Pariéndose sola en la ventana.


Habrá un día en que las penas sabrán a hormigas tostadas,

Donde cambie mi esqueleto por ceniza

Y la ceniza viaje por fin, libre de la atadura de las venas.


Un día por fin con poesía de la autopsia

Desgarrándome las entrañas

Hasta encontrar el alma.


Habrá un día, te lo digo, te lo juro,

Que no tenga amanecer;

Con diablos repartiendo fuete a diestra y siniestra,

Con temblores meciendo la locura en su cuerda floja

Y caras de mí, desesperadas, empuñando sobre el pescuezo

una navaja sonriendo brillante.


Un día

Como este,

Te digo,

Quizás así.

sábado, 27 de noviembre de 2010

ODISEA




Hablar desde lejos

como si ya fuéramos ausencia.

Declarar con las palabras

el abandono

que dejarán las cosas en nosotros.

Destejer este poema

como si de verdad fuéramos Penélope.

ENCUENTRO



El viejo recorrió la plaza.

Caminó por todo el malecón.

Saludó.

Esperó el atardecer.

A punto de volver, ya resignado,

en los ojos de otra anciana,

que lo llamó por su nombre,

reconoció la infancia.

El mar, de pronto, se arremolinó.

Volvió a sentir, con algo de nostalgia,

el lomo de gato de la espuma entre sus piernas

y perdido en la retrospectiva de sus recuerdos

jugó una vez más, quizá la última, con las olas.

Argos se llamaba.

Ulises el Océano.

La anciana desapareció en la tela.

CATACRESIS



Posiblemente ya no hay.

Había la palabra

Silenciando.

Desdigo.

Callé.

NOCTURNO DEL MENDIGO



A veces

cuando regreso de mis miradas puestas en la nada

me sorprendo con un poema entre las manos

algo, entonces, procuran reconocer mis ojos

pero mis dedos hacen una fogata

y recuerdo que es frío lo que tengo.

martes, 23 de noviembre de 2010

A una Joven.



Es difícil darte la cara

con tanto miedo y dolor encima.


Hablarte sin desbaratarte la juventud

y el impulso de tragarte el viento.


Sin desplomarte las iniciales

que comienzas a comprender y que son mentira.


Es difícil sentirte tan tierna

y a la vez con tantas ganas de explotar el mundo.


Con esa boquita que maldice

y escupe balas de humo, ilusiones y promesas.


Es difícil llegarte callado,

con mi angustia y la ruina ensalzándose en los labios.


Con las manos crispadas de horror

por ver tanto fervor dentro de una piel tan bonita.


Es difícil, llegarte así,

creyendo que se puede ocultar el pasado en silencio,

en las pocas palabras, en las cicatrices,

en cada valle que dejaron las lágrimas.


Es difícil no sentir ansiedad

cuando veo en tus libros

las letras que llenaron de sombra mis manos

o de reconocer en los colores

con que escribes tus convicciones

la rabia que hizo brotar a borbotones la sangre.


Es difícil mantenerme alejado,

sin tanta niebla y cansancio,

dejando afuera de tu curiosidad mis tristezas.


Es difícil escucharte

sin recordar a mis muertos

cada vez que se ilumina tu carita rebelde,

sin ver en tus ojos redondos

el entusiasmo que repitieron sus huesos.


Es difícil sentarme a tu lado,

sentir que no debo,

que nadie debe enseñarte el camino

y callar la locura y maldad

que se agrieta en mis puños.


Es difícil quedarme a tu lado

no huir o desear esfumarme

por reconocerme en tus gestos

y presentir la agonía.


Es difícil.

no protegerte, no avisarte, no sugerirte,

no salvarte.