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jueves, 11 de noviembre de 2010

DENUNCIA A UNA EDUCACIÓN EN CRISIS.



A propósito del decreto 1290; Sistema institucional de evaluación de los estudiantes.

Casi todos nos quejamos de la educación en Colombia; vivimos inmersos en una atmosfera de desacuerdo constante contra todo lo que se ha construido para mejorar la educación, aduciendo a miles de excusas, vistas estas, como inconformidades y obstáculos.

Cada propuesta gestionada por el Ministerio de Educación Nacional ha sido recibida en su conjunto como un sistema coactivo y entorpecedor de la normalidad académica y de la cotidianidad educativa en la que actúan y se comportan los maestros, padres de familia y estudiantes.

La revolución educativa, plan de gobierno educativo originado durante la presidencia Uribista fue visto como uno de los desmanes, normativos y de modernización, más forzosos que haya tenido que soportar el gremio del magisterio.

Pero la verdad de todo este meollo se encuentra en un resentimiento docente heredado.

La educación ha estado en manos de administradores que han intentado promover acciones justas al desarrollo de la educación pero sus proyectos no han logrado la continuación debido a la mediocridad existente en la totalidad de los que llevan a cabo las propuestas. Hablo de los docentes, de cada colegio público. Culpo, no al ministerio de educación nacional, ni a los proyectos que han impulsado, sino exclusivamente culpo a los maestros y directores, coordinadores y demás trabajadores educativos mediocres que se encuentran en cada colegio público del país.

Yo fui asesor del Ministerio. En calidad de representante y orientador de propuestas educativas que continuamente se formulaban en el seno del Ministerio de educación nacional, pude visitar cantidad de Colegios en todo el país. Mi evolución sobre el concepto de la problemática de la educación nacional ha ido cambiando radicalmente con el paso de los años. En un inicio, cuando comenzaba mis estudios universitarios de licenciatura en Psicología y pedagogía en el alma mater de la docencia: la Universidad Pedagógica Nacional, fui obnubilado por discursos sesenteros y tesis resentidas que clamaban venganza contra toda forma institucionalizada.

Claro que había y siguen los desfalcos, los errores técnicos, administrativos y humanos, pero en aquellos años el eje del conflicto en educación se basaba en echarle la culpa al gobierno.

Fueron años repletos por un furor anarquista que no entendía razones y que malinterpretaba todas las formulaciones. Todo plan era sospechoso de corrupción; términos como “gestión” fueron empalados en su época, la “competencia” era un artificio de búsqueda de enriquecimiento imperialista y la “calidad” se entendía como la propaganda capitalista que un gobierno paramilitar y ultraderechista propagaba para persuadir el virus de la mediocridad con falsas proyecciones e ilusorias promesas.

Todo ese mundo universitario me sirvió para dos cosas; por un lado, para comprender las motivaciones que impulsaban a mentes tan geniales a gastar su tiempo en razonamientos degenerados y por el otro lado, para observar y analizar como la perversión del sano juicio podía crear el fenómeno masificador y dogmático de la protesta, la rebeldía y el inconformismo banal.

Cuando comencé las prácticas universitarias, que son bien conocidas por ser la entrega innovadora de propuestas micro-transformadoras por parte de los neófitos graduandos a la sociedad, inicié una bitácora que, infectada por la inadaptación del ambiente académico, concentraba sus puntos de interés en movilizar al “pueblo”. El tema iniciático de las prácticas universitarias se concebía como un espacio de oportunidad para promover ideas revolucionarias y para sacar del anonadamiento cotidiano al radio de acción en el cual uno concentraba sus intereses.

Fueron dramáticos aquellos días de desgaste social, la iniciativa no era patalear sino “gestionar”. El concepto tomaba una nueva forma, y las palabras acompañantes del discurso como “competencia”, “calidad”, “educación” y demás tenían otra intención. El drama por supuesto no se encendía en dichos cambios conceptuales que tenían que ver con el significado mutante de las acepciones que dábamos a nuestros argumentos sino en la inutilidad que estos tenían.

Se llegaba con entusiasmo a cambiar todo un contexto, muchas veces se lograba. La alegría y encono con que se demostraban las ganas de cambiarlo todo eran suficientes para que los proyectos populares comenzaran a caminar. La situación sin embargo, se agudizaba en la resaca, cuando para poder seguir con las empresas era necesario y obligatorio acudir a instituciones y reglamentos que representaban el statu quo; todo proyecto, desde educación comunitaria, teología de la liberación o educación popular, pasaba por este percance político. Sino era por necesidad era por imposición, la marea regresaba con fuerza arrolladora sobre los sueños revolucionarios.

Pero lo bueno de estos fenómenos prácticos y desfalcos entusiastas se encuentra en la contundente acción modificadora de todos los esquemas que armaban la maquinaria ideológica de la juventud. Cuatro eventos reforzadores modificaron la conducta:

1. la sobreestimación de las creencias ideológicas comenzó un cisma situacional que era generado por el evento inoculador que presentó la realidad inmediata

2. la correlación ilusoria entre la teoría y la praxis se desmanteló completamente ante el evento de complementariedad de detalles ignorados que la facilitación social nos brindó en las prácticas

3. los prejuicios o las disonancias cognitivas fueron reducidas ampliamente por el evento denominado como “efecto de justificación insuficiente” y

4. la confianza excesiva dio pie a la incertidumbre debido al evento de no control de las situaciones.

Estimar de más, creer dogmáticamente, designar falso todo lo demás y desconfiar, fueron el conjunto de conductas que hizo posible la maduración y la identificación inicial de la realidad. Primero se comenzaba por inocular la cajita de cristal en la que se había estudiado; desmantelada la ilusión, era conveniente comenzar a interpretar datos nuevos; la sociedad y sus mecanismos y comenzar a entender el sistema y reconocer que no se era el mesías.

Con este traje se salía al mundo, como decía Jaime garzón: uno “se ponía la corbata y creía que la vida era verdad”; estamos hablando de los primeros empleos; algunos, continuación de los sueños de una práctica, convertidos en empresas, que tras disfraces continuaban luchando por argumentos sin asidero y otros, iniciación de las relaciones de hipocresía y conformidad.

(Se inicia por comprender que todo se ata a un sistema de regulaciones existentes e inamovibles, se desarticula poco a poco ese currículo oculto; carta que se pierde debajo de la mesa de la esperanza y poco a poco se termina siendo uno más en la cita diaria al café y al chisme del mediodía.

Preparar clase, controlar, embestir el báculo del ejemplo, calificar y sentir que los días siguen iguales y se van convirtiendo en lo que finalmente se termina siendo: un docente más, una ficha más.

Pero esto no se debe a la obligación de un orden dado sino a la polarización grupal, persuasión e influencia que poco a poco los que nos rodean comienzan a trasmitirnos).

Cuando cambié mi rol docente por el rol de asesor y agente externo en calidad de colaborador educativo, comencé a ver todo más claro, el reflejo me devolvía a ese profesor anonadado en su mundo inconforme y entonces comencé a darle una mejor forma a las cosas que gravitaban en mi incertidumbre.

Mi opinión es modesta y sin embargo estremecedora.

Explicaré con un ejemplo sencillo porque la culpa es de los maestros y del gremio que constituye la educación regular en Colombia.

El ejemplo: El decreto 1290 del 19 de abril de 2009.

Este decreto es la modificación, solicitada por todos, del antiguo decreto de evaluación de los aprendizajes: Decreto 230 de 2002.

Primer dilema: el 230 se modificó dizque porque generaba “mediocridad, facilísimo y desinterés en la comunidad educativa”. Cuando iba a orientar instituciones respecto al decreto nuevo, las opiniones no se dejaban esperar: la más interesante de todas era que el nuevo decreto generaba “mediocridad, facilismo y desinterés”.

Entonces comenzaban las dudas.

Pero ese era uno de los puntos menos alarmantes.

A saber, para poder orientar a los colegios respecto al decreto, era necesario que la comunidad educativa conociera otros documentos: la ley 115 (ley general de educación), el decreto 1860, el decreto 230, el decreto 2247, la resolución 2343 y hasta la resolución 1730. Sin embargo, uno se encontraba con sorpresas, en muchos colegios ni siquiera sabían de la existencia del documento de evaluación incluido dentro del PEI, otros no sabían si quiera que se quería decir cuando se les preguntaba por PEI (proyecto educativo institucional).

Esto generó una alarma. Eticamente era necesario capacitar a todo el gremio, dictar y extender el tiempo de visita, muchos de los asesores sin embargo incurrieron en un delito moral, dejaban pasar por alto esto gravamen y se limitaban a ofrecer esqueletos en software de posibles esquemas que daban toda la solución para obtener un documento solido y aceptable para el magisterio. Así los colegios se conformaban y asentían. Otros construían su SIE con base en el decreto 230 y en definitiva terminaban era presentando un libro que no daba cuenta de ninguno de los criterios que exigía la norma.

Pero la cuestión no era inquisidora, no se trataba de catapultar a los colegios y su “esfuerzo”; en muchas instituciones el documento de evaluación supuestamente creado se basaba en el cambio de nombre: SIE según 1290, y así, daban por arreglado el asunto.

Era un sistema de mediocridad entre asesores y colegios. Las visitas no se basaban en un ajuste, en un apoyo sino en una coartada para mantener grupos de mentiras.

Algunos asesores comprometidos con la profesión dedicábamos días a explicar el origen, la evolución y las consecuencias de todo.

A veces era necesario remitirse a una ilustración histórica de la educación en Colombia; se pasaba de la anécdota de los objetivos a los estándares y desde este tema se les comunicaba a los colegios que el mundo fuera de Macondo había cambiado.

Cuando uno buscaba el origen de tanta desventura intelectual y profesional la excusas eran: el trabajo, los estudiantes, es que el rector, es que los cursos, es que aquí y allá; por doquier un batallón de mentiras y limitaciones justificaban la barbarie.

- Yo ya me voy a pensionar - me llegaron a decir alguna vez -, eso qué tiene que ver conmigo - y dicho esto, dormían.

No comprendían el sentido autónomo que se les ofrecía, la oportunidad que tanto habían pedido la tenían ante sus manos y sin embargo seguían despreciándola sin entenderla.

Pero esta situación no se daba siempre, había algo mayor todavía. Muchos colegios que si trabajaban y que hacía la tarea, la hacían sin comprenderla muy bien o la mandaban a hacer.

Tal era el caso de colegios que presentaban un mamotreto que punto por punto definía y desarrollaba de forma utópica cada uno de los numerales que trataba el decreto. En síntesis, estos colegios solo cogían el decreto, hacían grupos de trabajo, a cada grupo le daban unos números de los 19 que conforman el decreto 1290 y comenzaban a interpretarlo a su forma, luego unían esos retazos digresivos entre sí y “ecce” SIE.

A veces la risa era incontenible, otras el desasosiego y la rabia.

- Muy clarito se nos dice que hay que crear un SIE según el decreto - decían los rectores.

- Pero si el documento está basado en el decreto señor - justificaban otros.

Uno se quedaba pensando: - será que alguna vez lo leyeron.

Para no poner en ridículo al colegio uno se ponía en la tarea de hacer una charla explicativa del decreto 1290 y las caras de asombro comenzaban a deslumbrar a medida que uno profundizaba en los aspectos. El instante más hilarante era cuando se les decía que los criterios para realizar el SIE no eran los 19 numerales que conformaban el documento reglamentario sino que se encontraban en un numeral dentro de los tantos que conformaban la ley.

- El numeral 4 es el que fija los puntos del documento señores, allí están los once criterios que necesitan para construir su SIE. - Estas palabras se repetían en todos los colegios o en muchas ocasiones era necesario comunicárselas a otros asesores que siendo asesores desconocían su propio trabajo.

Por supuesto, también había colegios que habían logrado desentrañar este juego normativo y presentaban un documento aceptable; entonces, uno podía realizar su trabajo tal y como en principio el contrato lo había designado.

Pero la quinta pata del gato siempre nacía, estos colegios muchas veces tenían un documento desarticulado con el PEI, otros, no sabían como articularlo al PEI y otros ni siquiera habían tenido en cuenta los pasos a seguir para poder construir el SIE.

- Pero acaso no son los que están ahí en el artículo cuatro – observaban.

- Señores, el numeral cuatro define los criterios pero los pasos para construirlo se hallan en el numeral octavo y son siete pasos.

Un verdadero caos.

Los colegios más avanzados reconocían tanto los criterios como los pasos pero su mediocridad los llevaba a inventar falsos documentos de reuniones con padres, de socializaciones de trabajo con estudiantes y con comités directivos y académicos; uno se encontraba con una cantidad de folios firmados y luego con la realidad, en las conferencias, de que esas firmas era el burladero de reuniones que desconocían todos los asistentes.

En definitiva el documento lo hacían dos o tres profesores que conocían todas las leyes o todos los requisitos y que su comprensión de lectura daba, para poder ser ellos, los únicos que sacaran la cara por el colegio redactando el SIE.

Entre más me esforzaba más me encontraba con comedias como estas y entonces más valoraba el trabajo del Ministerio y me iba a mi habitación de hotel, en cada pueblo que visitaba, con una madeja de ideas buscando la forma de conjugar el esfuerzo con la mediocridad.

Debo decir que renuncié, que como muchos, mi desilusión fue tanta que no tuve las agallas para seguir, que como pocos me enfrenté a mis propios jefes proponiéndoles un cambio radical de asesoramiento.

Las respuestas eran contundentes.

- Haga su trabajo, limítese a lo que le pedimos.

No renuncié porque no pudiera cambiar nada, antes, me esforcé y me entregué dando todo de mí, sacando de la ignorancia a muchos colegios, orientando los procesos de otros y felicitando y proponiendo ideas a la minoría que lograban ser comprometidos. Sin embargo mi renuncia obedeció a algo muy profundo.

Algunas veces cuando hacia cara de sorprendido, al no creer que los profesores asistentes a mis conferencias desconocieran los decretos, uno que otro me imprecaba diciendo: “es que a nosotros no nos enseñaron eso como a usted”.

Yo me enfadaba; cómo era posible que un maestro, un licenciado dijera todo eso. Todo profesor en Colombia ve durante sus primeros semestres universitarios las normas que van a regir su profesión y durante toda su vida laboral vive inmerso en ellas, cómo es posible que se excusaran con semejante infamia.

El gobierno creó la revolución educativa de allí nacieron los planes decenales y de ellos las propuestas de un pueblo inconforme que clamaba por cambios; uno de estos cambios se basó en gestionar mesas de trabajo con padres, estudiantes, profesores y en crear consultas virtuales, capacitaciones a nivel nacional, foros, talleres y participaciones de todo tipo que se llevaron a cabo con toda la sociedad colombiana, con el gremio docente de todo el país y que dieron como resultado el decreto 1290 donde evaluar se convirtió en valorar y donde se le otorgó autonomía a los colegios.

Para que dicho trabajo se hiciera mejor se crearon grupos de asesores, capacitados por las mejores universidades del país, que consultaban y visitaban los colegios para reforzar y orientar los procesos de creación e implementación del SIE. Yo fui uno de ellos y renuncié.

Hace falta decir por qué, hace falta, amigo lector, decir además, por qué denuncio que el problema no es del gobierno sino de los maestros y todos los colegios públicos repletos de ignorantes y personal conformista carente de iniciativa o inoculados por la costumbre de creer que su trabajo solo es calificar y gritar a sus estudiantes.

Hace falta decir algo más, no sé, piense usted.

sábado, 4 de septiembre de 2010

LEYES DE MURPHY PARA LOS ESTUDIANTES Y MAESTROS.




Leyes generales.


· El maestro siempre le preguntará al que no trajo la tarea.
· Si intenta limpiar el pizarrón, este se ensuciará más.
· Cualquier cosa que haga para rectificar un error sólo aumentará la incredulidad de su público.
· Los estudiantes jamás lo comprenderán pero dirán que sí.
· Siempre que de la espalda escuchará algo indeseado.
· Nunca encontrará al culpable, ya que por conexión todos se señalan entre sí.


Corolario


· Si lo encuentra, este es inocente.


Leyes del caos sobre la clase


· A mayor incomprensión en sus palabras, mayor credibilidad en sus explicaciones.
· Toda explicación sencilla sus estudiantes la convertirán en un problema.
· Siempre habrá un pilo que le hará quedar mal
· Cuando le pregunten algo que no sabe, mírelos fijamente como si la pregunta que acaban de hacer fuese tonta y váyase indignado.
· El coordinador o director siempre lo encontrará haciendo nada
· La estudiante que se enamora de usted es la hija del padre que más lo odia.
· Nunca se preocupe por ocultar una relación con una compañera, ella ya habrá echo todo lo posible para que todo el mundo lo sepa.
· Justo el día que va a pedir permiso, resulta una reunión ineludible.
· El día que va a calificar exámenes no tiene lapicero rojo y tampoco encuentra uno.
· Después de haberse asegurado de haber guardado todos los datos de evaluación, estos se perderán inexplicablemente y usted tendrá que volver a comenzar
· Siempre que trate de que la niña que llora se calle, esta llorará más.
· Nunca exija orden en el salón, esta orden es sinónimo para los estudiantes de joderle la existencia en clase.
· Entienda de una vez por todas, todos los demás estudiantes odian a su estudiante preferido(a).
· El más juicioso es el sapo
· El más pilo siempre es el más vago
· Cuando quiera escribir algo, en el tablero o pizarrón, verdaderamente importante, ningún plumón le servirá.
· Justo en el momento en que cierra el salón con candado recuerda que se le quedó algo importante adentro.
· Cuando pida recursos al colegio se los entregarán cuando ya no los necesite
· Siempre que confié en sus compañeros de trabajo estos lo traicionaran
· Nunca podrá tener contentos a los papitos, no se esfuerce


Corolario


· Si no se esfuerza terminara agradándoles
· Si termina agradándoles, usted puede que esté a punto de perder su trabajo


Leyes del despido


· Siempre será el último en enterarse de que lo van a despedir
· Cuando todos sean amables con usted, alarma, algo le va a suceder.. y no es bueno
· Entre más pidan sus estudiantes espacio para celebrar cumpleaños, mayor es la certeza de que su clase es aburrida
· Usted será siempre el bacán para sus estudiantes si deja que hagan lo que se les antoja, de lo contrario usted es un enemigo


Leyes de la antipatía educativa


· Si es un especialista en su saber, nadie le cree


Corolario


· Si le creen, no lo entienden.


Leyes sobre el binomio enseñanza- aprendizaje


· El estudiante que más habla es el que menos sabe
· Los indisciplinados siempre se hacen atrás, los nerds adelante, si quiere saber que tan bueno es usted como maestro señale siempre a alguien del centro
· Cuando haya preparado una clase muy bien, ese día no habrá clase.
· En el momento en que decida ir al baño, en ese momento siempre le pasará algo malo a un niño de su curso
· A mayor desorden, mayor la disfonía
· Cuando crea que ha terminado la jornada siempre llegará un papito pidiendo explicaciones.
· Cuando piense que ya ha terminado todo le llegará el doble de trabajo
· Justo cuando usted se equivoque un estudiante estará allí para demostrarle que se equivocó
· Todos los padres de familia siempre hablarán con usted como si supieran lo que usted enseña y dirán “yo también, un día tuve que enseñar eso”
· Cuando esté seguro de una teoría, su compañero les dirá a sus estudiantes que no es cierta
· El estudiante que menos sabe siempre será el que mejor empleo obtenga


Leyes de la desesperanza y desamparo aprendido


· Justo el día que no tiene un centavo y que usted está seguro que le van a pagar, no lo hacen
· Siempre habrá razones para descontarle algo de su sueldo
· Un día después de la paga, le pedirán que "voluntariamente" colabore con algo de plata para un evento que está planeado para realizar en el colegio
· El día que se enferma justo ese día hay auditoría del ministerio
· No demuestre que puede hacer cosas para engrandecer el colegio, de lo contrario, usted será el elegido para organizar todo.


Corolario


· Si algo salé mal usted será el único responsable
Otras Leyes


· El día que haga planes para un sábado ese día tendrá que trabajar
· Nunca se sufre demasiado, siempre existirá algo que lo haga llorar más.

lunes, 23 de agosto de 2010

LA EDUCACIÓN DEL TRUEQUE.

La cuestión está en que, pensar auténticamente, es peligroso.
Oscar Wilde







El acto educativo centra su interés en el conocimiento que pueda ser aprehensivo, valorado, enriquecido. Los que no pueden observar el acto gradual de la educación intentan simplificarla con conceptos vagos de academia que pretenden entenderla, explicarla y lo que resulta risible y utópico, pretenden enseñarla.


Estos orates de la disertación son pobres infortunados que no tuvieron una enseñanza trasformadora, una “educación libertaria” y que en su delirio por alcanzarla han creído ya que ésta hace parte de sus humanidades como el carro último modelo que llevan diariamente a la Academia sin detenerse a pensar si en verdad aquello que gastan todos los días en cada uno de los espacios de las ensoñadas y prometedoras Universidades es o no la alocada o trágica desventura que no han sido capaces de reconocer.


Sí, estamos inmersos en una educación bancaria-problematizadora. Leemos esta sentencia con el mismo desgano que nos han inculcado los domesticados profesores y a la vez intentamos crear o diseñar un discurso plausible que satisfaga las expectativas educacionales refiriéndonos a nuestras intenciones con términos de “podemos”, “a lo mejor”, “es que el gobierno”, “somos oprimidos”, etc., y así seguimos escupiendo lamentaciones que con lo único que comulgan es con la alentadora frase de “estamos jodidos” que jamás logra escabullirse más allá de nuestros temores.
Hemos sido moldeados a imagen y semejanza de nuestros corruptos defectos sociales. Sabiéndolo, de todas formas nos levantamos y procuramos llegar todos los días paso a paso a terminar una profesión que justifique nuestros actos.
Somos los “oprimidos” y los opresores, somos esponjas y a la vez meros pitillos huecos, nos reconciliamos cada noche con el consumo y en las mañanas alteramos nuestros sentidos con la esperanza de querer cambiarlo todo. Proverbial dicotomía con la cual nos enfrentamos. La educación que nos toca vivir se divierte de nosotros desde su antro socio-político, somos no objetos que van a una institución educativa bancaria, no pertenecemos a la educación que se impone y que funda su precepto en la verdad absoluta del conocimiento infundado, no asistimos a un banco de conocimiento estático y retrogrado, sino lo que es aún más frustrante, asistimos con fe al mercado total de nuestros cerebros; somos meras piezas abstractas que rivalizan entre el fenómeno de ser producto o desecho.
Sin embargo, creemos aún en la educación de nuestro siglo como algo vivo, que se nutre y que le falta, soñamos aún con educadores humanistas revolucionarios que no esperen la posibilidad de ser, sino que proyecten su luz a través de nuestro escepticismo trasformándolo todo a su alrededor.
Es claro que sólo deseemos observar lo que nos gusta. Tanto para “las élites dominadoras”, como para nosotros, nuestra empobrecida educación se convierte en un problema que hay que solucionar lo más pronto posible.
Al intentar idealizar nuestra educación teóricamente reconceptualizable, lo que hacen algunos torpes es convertir el sueño educativo latinoamericano en un buen y vistoso y hasta predecible banquete de moscas dejando que la sociedad juzgue y condene sin lastima alguna.
Nos dañan por así decirlo el ansia de problematizar nuestra propia humanidad, nos niegan el derecho de seres comunicadores e informados, nos niegan el acto pedagógico por simple razón ontológica rebelde.
Acaban con el idealismo y con la ideología, matan el sueño, y crean la decepción.
Estamos en un ambiguo mundo donde el que desea asistir a una educación bancaria tan sólo tiene que terciarse la maleta, entrar en un salón a esperar a que llegue cualquier troglodita de esos que andan por la universidad creyéndose amos y señores de lo que es y no es, pero también es curioso observar lo siguiente; podemos, si nos da la condenada gana asistir al encuentro tácito y beligerante de una revolución que teje no la problematización de la educación sino la discusión seria sobre la cadena de problemas verdaderos que aquejan a la educación, no me rectifico sobre lo que acabo de decir, creo que esto que sólo se da en ámbitos tan singulares como en las Universidades Públicas tan sólo puede ser elogiado con palabras que designen heroísmo, temeridad y academia.
Estamos ante la era que está dejando atrás la educación bancaria y la problematizadora porque estas tan sólo buscan enfrentarse la una con la otra, porque ambas nos han cansado ya con su mutua exclusión y servilismo, porque ambas predican una desaforada ilusión de pertenencia y cambio; la una hacia el pasado, la otra hacia un futuro que ya no existe.
Estamos ya no invitados a ser participes de un cambio, sino que somos ya actores anónimos de una metamorfosis de la educación.
Ya los estudiantes se han cansado de opinar y razonar problemáticamente acerca de nuestra condición, ya sabemos que irrevocablemente no somos ni oprimidos ni opresores, sino lo que es aún más triste, somos abandonados de nuestro destino, desamparados.
Porqué hacernos los sordos cuando sabemos que es cierto, cuando cada vez que hablamos de lo que somos nos enorgullecemos tristemente no de lo que somos sino de lo que nos gustaría ser, porque desmentir ese reflejo que nos ausculta desde la ventana de los buses o de las vitrinas de las tiendas como preguntando por algo que hemos dejado de hacer, ¿pero qué es eso que nos hemos permitido dejar? Refresquemos nuestra memoria, acaso ya olvidamos el acto de educarnos mutuamente o es que hasta ahora empezamos a sentir que nos hace falta comulgar con el otro en nuestra propia forma, en esa que se halla en nosotros innata y libre.

Indudablemente creo que nos hemos abandonado a nuestro verdadero recurso y arma, por querer ir al paralelo con aquellos que se amamantan en las piernas de nuestra amada patria. Por querer ser contemporáneos de un presente que nos inventaron, hemos olvidado lo verdaderamente necesario.
Ya empezamos a reconocer que no somos oprimidos ni opresores, que no intentamos una cultura de educación bancaria de eso ya nos dimos cuenta hace mucho y también que ya no somos de una revolución traslucida por que se ha infectado.
Ahora es cuando podemos recomenzar nuestra historia no como “Aquel lugar no existe” tal como es la utopía definida por Quevedo. No, a esa clase de creación no debemos llegar, para que ensuciarnos con migajas cuando lo que tenemos a nuestro alrededor son diamantes.
El gobierno a olvidado algo, quizá nosotros también.

Todos los que nos hallamos aquí estamos porque somos seres privilegiados, tenemos el maravilloso don de aprender, queremos aprender, tenemos habilidades, potencialidades, sabemos acceder a algo que intentaron ocultar los poderosos y que ahora hace parte del patrimonio mundial, estamos en la era de la informática y, aún así, nos damos por vencidos, aún así creemos que no podemos, que no somos capaces. Acaso a fuerza de creer que este es el único mundo que existe, hasta también nos hemos olvidado y alejado de él, volvamos a ser, hay una educación en crisálida que espera ser puesta de mano en mano, de cerebro en cerebro, seamos autodidactas de nuestra propia historia, no dejemos que tejan más nuestro destino, vamos, ensayemos quizá aprendamos a tejer mejores cosas.
Estamos ante las puertas abiertas del regreso triunfal, desde hoy les profetizo que llegará la Educación del Trueque. La educación que busca acomodo en cualquier parte, que se comparte con el mendigo, con el condenado, con la cárcel o la marihuana, la que se viste de discoteca o se metamorfosea en cerveza, quizá muchos estarán pensando en la educación del cropolito, la que sólo sirve para hablar mierda.
Mas no es así, estamos en el preciso momento en que podemos quitarnos todas las mentiras y empezar a buscar, a cultivar, no tengamos miedo, que la educación del trueque no nos deje en silencio, algo hay para cambiar, algo deseamos que nos cambien, algo queremos compartir, algo queremos que nos compartan.
Dónde ya no somos invitados sino dueños de nuestro propio conocimiento, donde no existe la conversación sino el libre comercio de las ideas, dónde aprender es un arte y es una diversión.
Qué desean plasmar en los cerebros el juego o la forma de jugar, qué desean que aprendan los demás: a callar, a reír, a gritar; a amar a Stalin o a Mao, a Freire o a Bandura, a Einstein o a Hawking, vamos hablen de lo que quieran, al fin de cuentas todo en la vida es un trueque
Y como dijo alguna vez mi padre cuando bote un tornillo oxidado que creía inservible.
- No lo botes hijo, “todo sirve”.
Recojan sus corotos y vayan ya a este mercado de pulgas, escojan aquí dónde todo se trueca en debátalo y píenselo y no esperen que se les llame ya bien lo afirma el refrán popular: “El que quiere besar, busca la boca”.
Y no se quede callado, usted sabe algo, tiene el conocimiento, expréselo!!!... ahora que puede.

domingo, 4 de julio de 2010

Tras la búsqueda de lo trascendente.

Artículo de la separata: CINE CLUB QUIMERA
Sección:
cine, café y un buen libro
Por: Zeuxis vargas







“Tomar en serio la vida, el arte y el pensamiento es ya una forma de oponerse a la tendencia dominante de nuestra civilización”
Estanislao Zuleta.





El cine antes que ser un medio de entretenimiento se impone en el mundo actual como un sistema de poder comunicacional que logra imprimir creencias, utopías, hipótesis y sospechas sobre el tiempo y sobre los hombres.


El cine es modificado por la historia y a la vez modifica la historia. Hoy en día nos es posible reflexionar sobre el conocimiento social, psicológico y educativo a través de un sinnúmero de películas que se instauran en el tiempo como modelos mitológicos de épocas, de contextos y de fenómenos determinados.


Ajenos al heterogéneo mundo cineasta donde lo dramático se entrecruza con lo cómico y donde lo narrativo se fusiona con lo visual y lo auditivo, el cine proporciona horizontes didácticos que hacen posible la introducción de ciertos contenidos cotidianos que transforman la subjetividad de los estudiantes.


Y es que el cine ha logrado no sólo contemplar la reproducción de utopías y de quimeras sino que ha concretado el alquímico sueño de la manipulación temporal. El pasado, el presente y el futuro alimentan la esfera ilimitada de su poder haciendo posible el artilugio de la traslación hacia atrás y hacia adelante.


Pero más allá de estas fantasmagóricas proposiciones que nos establece el cine, también existe un espacio cómodo para el reflexionar crítico sobre la realidad. El cine no sólo comulga con los lenguajes específicos de un tiempo sino que exhorta al espectador hacia un pensar desde, hacia un contemplar que no señala sino que percibe.


El realismo cineasta entonces se establece como una forma de búsqueda que hace posible la manifestación; la expresión de un sentir. Este sentir, por lo demás, sólo permite infundir hacia un afuera las impresiones que, tanto los teóricos y los directores de cine, procuran comunicar bajo la estética más sensible y absorbente posible. Las películas por lo tanto no son un producto fílmico desechable sino un producto histórico que demanda y denuncia.


En su libro “Textos y manifiestos del cine”, publicado por ediciones Cátedra; Joaquim Romaguera y Homero Alsina, logran, tras un metódico y profundo estudio, establecer la hiper-textualidad inmersa en la historia del cine demostrando la posición modificadora y profética que, a través de los años, a logrado la industria del cine.
Este mágico recurso hace posible el mundo del por-venir; el cine como historia re-direcciona los discursos y motiva el interés por ciertos dominios. No obstante el cine filosofa sobre la vida del hombre obteniendo bajo su metafísica de las formas y las narraciones la comunión básica entre las necesidades y las expectativas humanas.


Georges Sadoul en su libro titulado “Historia del cine mundial desde los orígenes hasta nuestros días”, publicado por editorial siglo XXI, consigue esbozar, por medio de un recorrido bastante sencillo, la gran influencia socio-política que el cine ha alcanzado en la modernidad, ampliándonos un poco la perspectiva teórica sobre las producciones cinematográficas.


Sin embargo, la cuestión no está en atiborrarnos con teorías incuestionables que platiquen resignadamente sobre el poder persuasivo del cine; no se trata de acrecentar la influencia aplastante del cine y de sus comerciantes, sino de invitar al hombre a un debate interno con lo que lo rodea; de una discusión significativa para con ese cine que vende ideales territoriales y comodidades continentales, para con ese cine que trueca la conciencia ingenua por una conciencia conformista repleta de símbolos discriminantes y radicales y para con ese cine que trastoca la realidad y que en su lugar inaugura el silencio y la indiferencia.


Sí, el cine es un lugar íntimo, es un lugar desde el cual hoy el hombre puede lograr una heterodoxia tras la búsqueda de lo trascendente, pero esta herejía sólo es posible si nos esforzamos en ver al cine no como un producto sino como un recurso, tal y como lo hizo en alguna ocasión Luis Buñuel con su libro “El último suspiro”.

LA INTERPRETACIÓN HISTÓRICA DESDE LA AVENTURA CINEASTA

Separata de CINE CLUB QUIMERA


seción:


CINE Y EDUCACIÓN.
Por: Zeuxis Vargas




“- ¿A que te dedicas ahora? - le preguntan a Luder
- Estoy inventando una nueva lengua- ¿Puedes darnos algunos ejemplos?- Si: dolor, soñar, libre, amistad...- ¡Pero esas palabras ya existen!- Claro, pero ustedes ignoran su significado”.
Julio Ramón Ribeyro.


Fue el magnífico Shakespeare quien a través de uno de sus personajes sentenció para la humanidad que el mundo de los hombres era “palabras, palabras, palabras…". Tal sentencia dejó claro algo que después el mismo Heidegger reafirmaría con gran exactitud y síntesis a través de su frase célebre: “el lenguaje es la casa del ser”. Nuestro mundo, como en el universo teatral del eterno británico y similar a el caos anacrónico del formidable alemán, esta estructurado humanamente a través de unos signos que hacen posible la historia, la memoria, el recuerdo. Este prodigio establece una posición antinatural del universo pero a su vez modifica y acomoda el cosmos a las necesidades de interpretación del hombre.


En esta búsqueda por re-construir lo percibido e intentar mantener y conservar aquello que llega, la humanidad ha elaborado una serie de juegos y estructuras semánticas que reflejan desde su epistemológico vértice de observación, nuevas y maravillosas condiciones de comunicación que hacen posible la trascendencia del pasado en el presente.


Tales estructuras semánticas recrean los mismos objetos, los mismos arquetipos, las mismas cosas eternas, a través de signos que posibilitan el des-cubrimiento epistemológico; raíz necesaria desde donde se hace posible el nacimiento de los enfoques lingüísticos irresistibles ya que estos interactúan directamente sobre la conciencia.


En el caso del cine, el lenguaje se torna no sólo verbal, sino que logra la ascensión hacia la esfera de un acto comunicativo que se desarrolla a través de las imágenes, de los sonidos del ocultamiento y de las sensaciones.


Para muchos el cine logra ese cometido secular que quebranta los límites académicos y se instaura en la subjetividad humana facilitando el re-conocimiento de saberes por medio de unas narraciones menos tediosas y más seductoras.


Sin embargo, el cine al igual que el teatro y la filosofía, trasforma el mundo según su interés. El horizonte de la información se ve manipulado por poderes que buscan mantener ciertas creencias, ciertas conductas y ciertas aprobaciones.


Hoy en día, el cine no busca sólo la especular forma de convertir una nada en un arte sino que ahora el cine invade el terreno histórico, re-construyéndolo a su antojo.


Estos re-descubrimientos, re-conocimientos y re-construcciónes son los ángulos motrices desde los cuales el hombre interpreta y justifica el universo. Pero el hombre no se queda en esta tarea trágica de escribiente sino que, irreverente, promulga la alfabetización particular de modos de pensar y de actuar a través de instrumentos semánticos que hacen posible la polarización de juicios de valor sobre las cosas. El cine en este sentido busca en la post-modernidad incubar una nueva historia que olvida y que inventa, que destruye y que mitifica. Es así como nos es posible ya no asistir a una Troya de héroes y leyendas sino a una guerra sangrienta de pasiones homosexuales y tiránicas ambiciones. Es así como a través de “La cruzada” se busca establecer el carácter sangriento de las expediciones cristianas, contrario al modelo defensivo y sagrado de las excursiones que en nombre de una cruz se enseñan en los textos de bachillerato. Es así como en Vietnam, a través del cine, jamás pierden los gringos y a través de una “Lista de Schindler” o de un “Pianista” se denuncia visceralmente el holocausto de las dos guerras mundiales.


El cine como instrumento educativo de protesta y análisis, el cine como herramienta pedagógica de interpretación sociológica e histórica arremete en el mundo del consumidor como una estrategia o forma cómoda de recibir saber e información. Desde este fulminante acontecimiento que coloniza el sentido interpretativo de la historia la educación, alerta a las devastaciones discursivas que pueden traer ciertos intereses, deseca el sentido persuadible e influenciable que buscan las productoras proponiendo diálogos comprensivos que propenden al encaminamiento de una conciencia libre de heteronimias históricas.


En este sentido la pedagogía, antes que estar divorciada de las tecnologías y nuevos instrumentos de entretenimiento, debe incrustarse en estos productos contemporáneos haciendo posible el fortalecimiento de interpretaciones lógicas de la vida y de la relación Hombre-mundo.


El cine como aventura didáctica debe, desde la escuela, promover la incertidumbre y la curiosidad por el develamiento verosímil de esperanzas y tabúes, de discursos y poderes, de intereses y realidades y de formas más maduras de reflexión sobre la cotidianidad.


Pero la problemática no esta verdaderamente en el binomio cine-educación sino en la posición ética y moral del mediador entre el objeto de información y el sujeto receptor de este saber. Es el educador quien en su profundo consentimiento por un mundo más razonable debe incidir indirectamente en la sana discusión sobre las imágenes que el mundo presenta a los neófitos habitantes del planeta. La labor, entonces del pedagogo, estará encaminada a beneficiar y promocionar el espacio básico para la reproducción de una nueva re-conceptualización, que menos coaccionada y más emancipada logre por fin la CONCIENTIZACIÓN por un mundo mejor.


No obstante, esta relación, que ya comienza a darse con gran favoritismo en las aulas, proporcionará el abastecimiento necesario para la decodificación de neologismos y signos diferentes que necesitará el hombre para comunicar su propio mundo. Ya que a pesar de todo, como dijo Anderson-Imbert, seguiremos siendo, por siempre, los fantásticos seres simbólicos del universo.