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domingo, 4 de julio de 2010

NOTAS AL FILO DEL ESPASMO

Si fuésemos verdaderamente lúcidos
nos aturdiría el horror de la vida cotidiana.
Henry Miller





- 1 -


Mi revolución es anacrónica y su objetivo se encuentra en el pasado. Mi búsqueda revolucionaria no es comprensible porque sólo es posible en los lindes vulnerables e inaprensibles de aquel primer segundo cuando el mundo comenzó.


- 2 -


Mi revolución sólo es posible en lo imposible. Es la acción deliberada que se justifica en la negación de la conciencia humana.


- 3 -


No sé cómo expresar esos monosílabos rabiosos, pero puedo decir al menos que es el desaforado patetismo de lo cotidiano lo que me lleva a ser siempre un rebelado, un consciente insatisfecho.


- 4 -


Ando a todo momento por la vida con la actitud de un ángel aterrado. El mundo se me presenta como acabado de destruir, camino siempre entre ruinas.


- 5 -


Pocas veces me he sobrevivido en otros, es como si fuese el náufrago al que de pronto le llega una botella con el mar y me siento entonces obligado a responder.


- 6 -


La mujer es esa criatura que abrazada a uno y en silencio, como si ya supiese toda nuestra historia, de todas formas cierra los ojos, nos besa y nos absuelve.


- 7 -


Es curioso que a veces me abandone por completo a la decadencia y a la imposibilidad de un sollozo estremecedor, cuando me sorprende el recuerdo grato de la muerte de algún animalillo, justo cuando me han contado o me he enterado de nuevo que aquí o allá el hombre acaba de matar a otro hombre.


- 8 -


Quiero reír, tengo la fatal desesperación y ansiedad de ser una rotunda carcajada.


- 9 -


Mirar el reloj y pretender no entenderlo, he ahí las maravillosas e ingenuas estupideces de la felicidad.


- 10 -


Escribir con trampas, con veneno, escribir con el sólo propósito de producir asco o vergüenza. Escribir para ser abandonado o para dejar en abandono. En fin escribir naturalmente.


- 11 -


Lo aconsejable es no aconsejar.


- 12 -


El amor sólo sirve como boleto de entrada para el recuerdo.


- 13 -


Amar hasta el hastío.
Amar hasta la amnesia.
Amar, así es amar de verdad.


- 14 -


El sexo tiene su razón de ser en el paraíso que nos revela.


- 15 -


La dicha es fatalidad.
Siempre decimos:
“Soy tan feliz
que podría morir en este instante”


- 16 -


Ser leído tan sólo en 2.000 años y sin embargo aún poder ser comprendido. He ahí la utopía.


- 17 -
Vivo y seguiré viviendo por simple capricho adolescente. O sea, sin razón alguna.


- 18 -


Tengo bien presente mi propósito:
No tener propósito alguno.


- 19 -


Deseos suicidas:
Quiero morir plenamente
justo cuando cometa el orgasmo.


- 20 -


Morir de lleno, de golpe
morir con toda la vida
como quien echa toda su historia a cuestas
y salta feliz hacia el abismo.


- 21 -


No entiendo por qué aún no me he pegado un tiro.


- 22 -


Vivir, vivir,
vivir hasta no poder más
vivir hasta hartarse,
hasta explotar.


- 23 -


Soy totalmente digresivo:
si alguien lee esto, no me crea.


- 24 -


He escrito cosas pavorosas, proclives, blasfemas, imperdonables... y sin embargo es a mi vecino al que matan.


- 25 -


Vecino: cualquier ser humano que vive contemporáneamente a mí y sin embargo no se mata.


- 26 -


Ser un hombre de extremos:
he ahí la diferencia.


- 27 -


Escribir mi autobiografía es comenzar el universo o una versión fatal al menos.


- 28 -


Quiero el amor cuando se me venga en gana, como quien hace un pedido a domicilio. Quiero el amor sin ataduras, quiero gozarlo como el libro al que vuelvo siempre, salvarme de las visitas del aburrimiento.


- 29 -


Ella y yo solíamos amarnos, es decir, solíamos devorarnos.


- 30 -


Siempre hay la insatisfacción y la dicha después del punto final y del orgasmo.


- 31 -
Haré de mí un laberinto, me adentraré en él intentaré olvidar su salida y caminaré hasta mis últimos días, dentro de mí, desesperado sin saberlo.


- 32 -


Sólo yo tengo la respuesta.
Sólo yo sé quién soy.


- 33 -


Esta maldita costumbre de siempre escribir hasta el final.


- 34 -


Tengan en cuenta que nací y me sé escritor. Y eso jamás podrán quitármelo.


- 35 -


Mi voz
bomba sin explosión
algarabía
cuchillo pasando por la carne
accidente de auto
grito desesperado en la noche
en fin
la furia de una fiera
mostrando sus colmillos.


- 36 -


Puedo decir tranquilo que he logrado ofuscar a la escritura, escribiendo.


- 37 -


He experimentado con las drogas inútilmente y he llegado a esta conclusión: Yo soy mi peor droga.


- 38 -


Quiero palabras
como disparos
como bombas atómicas
es más, quiero una palabra
como una bomba que de repente estallara
la estupidez del mundo


- 39 -


Pido perdón,
no por mis crímenes literarios
sino por los no cometidos.


- 40 -


En un primer momento pensé que escribía por hedonismo, pasado un tiempo atribuí mi escritura a la necesidad y luego al desahogo, ahora, pasados los tantos párrafos, palabras y textos que me han sobrevivido, puedo advertir que mi escritura condescendió siempre al recuerdo, al querer quedarme para siempre.


- 41 -


La sombra que no sabe de la noche
porque cuando llega la noche
la sombra deja de ser sombra
y se convierte en noche.


- 42 -


El poema
es el resultado de una terrible obsesión
y su propósito
está en la intensidad
que su unidad poética contiene.
Un poema
es un agujero negro
un universo comprimido
que se desata y estalla
en el ingenuo lector.
Un poema
es peligroso.


- 43 -


Todo poema
contiene una terrible criatura.


- 44 -


El poema es lo más cercano al basilisco.


- 45 -


Quiero una palabra
una sola
para ser feliz hoy.


- 46 -


La poesía me trasmitió una verdad que no concuerda con la razón ni comulga con la realidad. La poesía me invadió de una delirante sabiduría que sólo pienso en el silencio y que callo porque es peligrosa.


- 47 -


El lenguaje natural del hombre es la metáfora.


- 48 -


El pensamiento no es más que analogía, comparación, metáfora.


- 49 -


La poesía es la crueldad de recordar


- 50 -


Es verdad somos y seremos incomprendidos hasta por nosotros mismos


- 51 -


La poesía es proclividad o sea ser propenso a caer siempre hasta el abismo.


- 52 -


La poesía de la proclividad será aquella rama de la poiesis que gusta del abismo, de lo angustioso de lo íntimamente tormentoso, de lo inefablemente ansioso y que es en este sentido lo único que justifica la existencia.

Pensamientos sobre escritura




Al parecer el sentimiento de abortar al siguiente día cualquier proyecto literario que comienzo y que se enclava en mi mente como un remordimiento se debe sencillamente a la impotencia de no poder, jamás, culminar lo previsto literariamente (cuento, novela, ensayo o libro de poemas) en el mismo día en que lo empiezo.


Siempre tengo todo claro, englobado, esclarecido hasta en sus más ínfimos detalles, pero sucede que al comenzar a escribir, las palabras mismas me van distrayendo de mi objetivo, me llenan de monotonía y al final me persuaden a abandonarlas.


Lo que sucede es que, verdaderamente, el que escribió el párrafo hoy, mañana ya no existe, por más que intente recuperarlo no lo logró. Al día siguiente es otro quien habla, y en definitiva esa voz no puede continuar lo que dejó escrita la del día de ayer.


Si de pronto me sucede que debo escribir, entonces lo hago, pero sucede también que me obligo a gastar hasta el desfallecimiento a esa voz que ha nacido de pronto en mi interior. Lo hago porque sé que tengo que hacerlo, que es mi única oportunidad, porque tengo sobreentendido que esa voz, ese escritor que de pronto me posee, simplemente mañana ya no existirá.


A veces me toca abandonar a quien me habita, simplemente porque ya no lo soporto.


De repente siento que estoy invadido por una voz que busca salida, se ahoga, se confunde, se aglomera y se vuelve algarabía en mi cabeza. La mano derecha entonces se convierte en secretaria, en escriba, se compadece del encerrado en mi cerebro y le permite a través de su oficio de transcriptora que por fin la voz se desahogue, sobre el papel, con toda su sarta de mentiras.

Cavilaciones estranguladas.




I.


Algo pasó en mi hace mucho tiempo, algo que me llevó a ser esta criatura que se proclama temerariamente nostálgica pero que sólo sirve para crearse locuras de persecuciones y mensajes secretos, que sólo sirve para aburrirse con su maldita manía de saberse perseguido hasta por sí mismo. Algo que no logro aclarar del todo me lleva siempre en contravía, intentando sacar de donde no tengo el coraje sincero para acechar con una daga el corazón irresistible que me dieron los años y que sólo sirve para repartirse en placer y deseo hacia un cuerpo de mujer imaginada.
Nada interesante ha sucedido en esta intrincada vida que se desteje hacia la tierra, sólo han asistido a mi largo velorio el lenguaje propicio de los callejeros para aumentar el calor beligerante de una lucha que hierve en la intimidad de mis entrañas y los dulces gusanos que son todas mis heridas. Solo están en este calcinante y silenciosos luto las manías del cuchillero, del drogadicto y del poeta porque sólo ellas entienden que como desposeído de mi mismo nunca busqué reconocer el poder o el éxito como un egoísta atributo que se vende o se compra en las esquinas.
Que más que un pan prefería una caricia y más que un beso una palabra de afecto sinceramente marcada en el gesto de quien la profiriera.
Algo que sucedió en mi niñez me llevó a entender maravillosamente el mundo, a ser un prodigio funesto para la humanidad entera, pero eso sucedió hace mucho tiempo y ahora estoy cansado de cargar con un abecedario que sólo utilizan los humanos para llevarse traicioneramente hacia el abismo.




II.


La vaina de cuando llega la inspiración o eso que en mí solamente es el estado literario, es que sucede, entonces, que hay miles de cosas sobre las cuales escribir, entonces hay que clasificar, hay que abandonar y olvidar, hay que, con tristeza y desesperanza y conformismo, dejar a un lado muchas cosas que quisieran dejarse sobre la proxeneta hoja. La literatura en esos momentos es prodigiosa pero, al mismo tiempo egoísta, solo resiste la conversión tangible hacia las palabras de ciertos temas, de ciertos sentimientos de ciertos personajes, de ciertas vivencias o imaginaciones. Es, para ser más precisos tiránica y desalmada, solo se entrega, totalmente, a unos pocos pensamientos. Por eso escribir en esos momentos es toda una maldición. Se encuentra uno esclavizado, sabe que puede uno simplemente pararse, ir a hacer otras cosas; ver televisión, jugar algo, salir a la calle, escuchar música, pero no sirve de nada, hasta eso que se piensa en hacer se convierte en literatura. Uno no logra levantarse, todo en ese instante muere, todo simplemente converge en el génesis. En ese momento se sabe uno dios y lo entiende, y sabe uno de su inocencia y de su gran vencimiento. Escribir es crear, y crear es simplemente hacer lo mejor posible. Es anunciar un universo del cual uno jamás será responsable. Siempre faltarán cosas y habrá otras que tengan demasiado pero eso no es culpa de uno, eso simplemente es la literatura, es eso, una sopa que el brujo nunca prueba porque sabe que está maldita.




III.


Para el escritor las noches son los días de trabajo en que se gasta hurgando entre el lenguaje, el escritor, es mejor decir, el poeta, se convierte en un fantasma que desesperado busca palabras, expresiones, secretos, mensajes, letras… Es un niño que recoge aquí un peldaño y allí una escalera y luego los abandona por la magia del abismo. El poeta coge aquí y luego allí y así se la pasa la noche entera. Escribir es elaborar, construir, los poetas son los ingenieros surrealistas de las ideas crudas. La inspiración no existe, lo que existe son ideas, evocaciones, recuerdos y asombros que, esparcidos sobre el lenguaje natural del escritor se imaginan poemas. El poeta es aquel hombre que pule y lima, que bajo la constante disciplina de remover el léxico indecible, al llegar al alba, sostiene con tristeza los residuos o el cadáver de algo que como epitafio los lectores denominan inspiración y que muy seguramente, antes de pasar por las manos destructoras del poeta, eso languideciente que balbucea cosas extrañas en los ojos era en verdad un poema.




IV.


La confidencial forma de adentrarnos en el estilo de nuestros precursores nos hace en cierta medida hijos de una tradición, que por lo demás, sólo se remite a la angustiosa posición de querer rebeldemente cambiarlo todo. Sin embargo, las influencias establecidas desde la historia, establecen esa magistral y eterna manera de invitarnos a crear cosas nuevas. Sin esta predominante ejecución ancestral nuestro genio y nuestra estructura temperamental hacia el mundo no sería posible. Por más que le demos vueltas al asunto, la cuestión no esta en ver una trágica tensión sobre la historia y el presente sino en advertir la enconada inspiración del pasado que hace posible las nuevas generaciones. Una lectura buena y seria no concluye en una buena y seria crítica sino en una nueva e incendiaria obra. Cada hombre debe verse en su época como un continuador no de una voz sino de un poema. No es el verso anterior el que hace posible el milagro de lo majestuoso o lo sublime sino la creación surrealista que se da en el siguiente espacio, en la siguiente descendencia la que hace posible la magnificencia de las palabras jamás dichas. No todo ha sido escrito y es mucho el papel en blanco que espera las fabulosas y aterradoras sentencias.




V.


Todos buscan en mí lo macabro, lo no dicho.
VI.


Siempre se cree que escribir es un don, ante todo, maravilloso, ya que se tiene la creencia que aquel que dedica su vida a la escritura es porque tiene ese algo que hace asombroso la literatura y que la convierte en una condición genial que es capaz de describirlo, analizarlo y transformarlo todo.
Fuera de estos mitos modernos que observan al escritor como un demiurgo fantástico que puede arrastrar cualquier sentimiento hacia la revelación cínica de la desnudez, el escribir es ante todo un destino que se incuba en la mente del artista bajo la condición cómplice de la obsesión. Escribir en este sentido conlleva a un continuo exorcismo de sí mismo y a un continuo martirio que procura explicaciones fortuitas sobre toda realidad. La escritura como oficio angustiante observa el universo como un todo caótico que es necesario ordenar bajo la historia que pueden crear las palabras, sin embargo la escritura en este sentido siempre condicionado por la incertidumbre concibe el conocimiento como el resultado forzoso de esa estructuración semántica que posibilita nuevos universos que en su calidad metafísica logran estimular no sólo sentimientos sino que postulan la irrealidad de la percepción sensorial de otros tiempos, otras impresiones, otras experiencias, otros dolores, otras, quizá, sea necesario observarlo así, vidas menos confusas que la que se sobreviven y hacen posible el artilugio de la literatura.
El escritor es un prisionero de sus propias palabras, es el angustiado que se sabe una miserable ficción. El que sabe que puede tejer palabra tras palabra cualquier evento real o fantástico también sabe que lleva sobre si una maldición. La vida de un escritor en últimas se remite a una eterna escritura que erupciona en topos los lugares y en todos los momentos. La escritura le dice al escritor que todo puede ser escrito y siempre se valdrá de ese algo misterioso que hace posible lo que se ha dado en llamar como inspiración y que simplemente y crudamente se puede reducir a la sensación del saber intuido de que se comienza a escribir en la mente, antes que comenzar a escribir sobre la hoja.
El escritor es un perseguido de sus propias palabras, es un sirviente que subsiste como un objeto siniestro sin el cual el sujeto verdadero que es la escritura no podría sobrevivir.
La escritura, mi escritura, es una maldición.
Hay que posibilitarse entonces como única salida el olvido.




VII.


Lo más raro de toda escritura es que cuando comienza a nacer en la mente del escritor pareciera que ella misma reconociera el ritmo y la musicalidad en que debe ser escrito algo.
Unir una palabra mas otra hasta lograr un corpus estético parece después de realizado algo fácil, natural casi algo existente desde siempre, parece que toda escritura no fuera producto del un autor sino que fuera producto de la naturaleza, la escritura después de engendrada demuestra bajo su realidad grafémica una perfección natural ajena a la moralidad y el inacabamiento del universo humano.
Tener este maldito don sólo conlleva a observase a uno mismo como un perdido.
Quizá lo último que os quede sea la resignación y la espera de la muerte como único lugar de descanso, de reposo verdadero.