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miércoles, 26 de marzo de 2008

PRUEBAS DE INGRATITUD.




Con este silencio amasable
que llevas hacia el día adormecido,
con esta manera de cortarte las pestañas
y los labios en la niebla preocupada o rutinaria,
con tus ademanes que agrietan tus ojos ante el viento,
que te sacuden como ropa tendida en el verano,
con tus dos manos que nunca
has utilizado para desplumar un ángel
y que usaste todos los días
para vestir el animal encabritado en tu enhiesta intimidad,
con este inventario de intuiciones
y por la rosa que dejarás podrir
como ofrenda justa para el fallecimiento.


Por el beso que se te fue envejeciendo
y haciendo avaro al deseo,
por la fecha final que te espera
con esa ansiedad inusitada
con la cual se intuye el miedo en la tiniebla,
con tu manera de ser ante el espejo
o por el olor a trasnochado
que llevarán los amigos en tu luto.


Con tu esparcida actitud de bufón
profanando los engaños,
con esa costra que dejaste abandonada entre las sábanas
como si nada conviniera,
como si el memorial de tus huesos
o tu aliento asustado no bastara,
como si con esa forma de dejar perdida tu mirada en la tristeza
o como si el lagrimal testigo de tu ausencia
no sirviera para señalar tu sarcasmo en los velorios.


Como si tu vida a cuestas no ajustara
tanto espasmo y humedad otorgado en los orgasmos,
como si la indiferencia no justificara,
que estuviste muchas veces en el centro de lo eterno.


Como si no hubieses comido
de las propias manzanas nocturnas de tu nada
te pones el cuero bochornoso de Abel en tu memoria
y te avienes de golpe ante los recuerdos
con esa cara de recién descubierto
en los ojos atalayados de un anciano mirándose al espejo.


Con tu manglar de incertidumbres
todavía te paseas irrespetando el estupor de los espectros,
te sigues madurando para la última sonrisa,
te apretujas el alma entre la carne,
te haces el indigno
y te rebelas esgrimiendo el pescuezo
de un ángel recién ahorcado por tu sombra.


Te atreves aún a irte de golpe
contra ese dios tuyo que se asoma en la harija matutina
de tu somnoliento despertar de porcelana,
pareces un ciego palpando su degradación en la piel de un río,
un desposeído acechando
la noche en la entrada de unos labios magullados.


Semejas demasiadas baratijas truqueadas en un mercado de leprosos.
sigues mordaz como el aguijón que cuelga en tu entrepierna,
con ese reflejo virulento que sigue pudriendo el tamarindo
que te puso Dios a latir en el centro mismo de tus alas.

DESESPERACIÓN POÉTICA




Tengo poesía haciéndome trizas,
me amarra el corazón con sus alambres,
me fatiga,
me obsesiona a cometer un fraude,
una estafa, un delito.


Hoy la poesía quiere conversar
mientras tritura entre sus dientes
los pichones de mi felicidad.


Quiere cargarme en su lamento,
convertirme en remero.


Se me ha enfrentado y me ha caído de repente.
Me ha dejado pulverizado.


Me queda el desahogo, el naufragio,
siento que esta noche será un periplo
y quiero romper el remo antes de sentir la catarata,
ya me mutilé los oídos
para no escuchar el silencio de las islas desabitadas
pero la poesía ha puesto sobre la plancha de la muerte
a mi alegría.


Hoy siento que seré el amanuense de una tétrica alquimia:
la noche me está gravitando y presionando,
el grito no puede agujerear
aunque me corte las manos y me realice una lobotomía
la extraña y meditabunda criatura que se aniquila
seguirá arrastrándose hasta el precipicio mismo de mi lengua.


Quiero destrozar el bote,
hundirme si es preciso,
atragantarme con la sangre de un suicida
pero no seguir
no seguir con este impulso misterioso
que se puso de repente en este día
a girar destrozando mi salida.


No lo quiero
que me lo extirpen
y se lo pongan a otro entre los huesos
por un instante
por un segundo.


Dios, esa palabra que se busca para sentirse salvado
Dios, ahórcame entre tus barbas
ponme de amuleto entre tu pecho
pero sálvame de esta palabra que me habita.

OBSTINACIÓN




Tengo un corazón reprimido,
recostándose en lado más doloroso de mi amor,
tengo un silencio congestionando, ahogante,
casi apunto de desbordarse en llanto.


Mi rostro se parece mucho a cierta palabra
que no he podido sufrir con toda la muerte que me falta.


Tengo simplemente ganas
de arrojarme por un camino de hormigas
hasta el centro mismo de su entraña.


Hoy estoy obsesionado con cierto lamento,
con una tristeza inmensa parecida al rostro de un niño
que ha perdido para siempre sus abrazos.


Presiento alrededor de mi cariño una cofradía,
mi mente atribulada de estrellas apagadas
va cayendo desesperanzada hacia la honda cuenca
de estos ojos que sólo quieren dejarse perder,
cegándose para siempre en la distancia.


Es hoy mi corazón
un desorden de otoños empujando mi pasado,
creo que pariré a la medianoche un resfrío
parecido al aliento
que dejan los pájaros recién muertos en sus nidos.


Y este silencio
este silencio
que ya no entiendo
pero que justifica mi existencia.
Por qué no me disparo un relámpago,
por qué no me lanzó hacia el vértigo...
la tristeza es mi destino.


Entre líneas, veo un hombre defraudado
queriendo arremolinarse hasta el comienzo,
un hombre intentado romper el hilo
y quedarse para siempre vagando en el laberinto.


Veo un hueco hecho en toda la mitad de la ilusión,
un gusano riendo entre la herida.
Si me preguntas a que me parezco,
tendría que mirarme ante el espejo
y desgarrarme la huraña máscara
para poder al menos presentir que tengo
una criatura abismal entre los ojos.


Si preguntas por mí, a mí
quizás sólo pueda decirte
que me fui haciendo extraño
que me jubilé a destiempo
y que quedé en una casa solo
sin siquiera poder conversar con mis fantasmas.


Si preguntas a otros por mí
a lo mejor puedan darte más señales:
que tengo una sonrisa que traiciona mi melancolía,
que el corazón se me agrandó
hasta generarme un tumor de ternura en los brazos
y a lo mejor concluyan con alguna imagen de ese otro
que le gustaba guiñar el ojo cuando comía tamarindos
y no es bueno reprochar tanto viento
y beso dado de frente en el camino
después de todo, me tiraron sin alas a este mundo,
que aunque quisiera
pasaría la noche en vela arrullando este fantasma;
pero no quiero
no la quiero hoy
la poesía no la quiero hoy
quiero maniatarla,
amarrarla a la pata de mi cama
y verla berrear como un chiquillo
hasta que se le pase el capricho.

jueves, 6 de marzo de 2008

UNA DE AMOR



Al mejor estilo Girondo-Benedetti




Te lo voy a decir de una vez por todas.
La cuestión está, en que tú existes
exclusivamente para mi amor.
A mi que me importa el mundo.
Sin tí esta tierra orgásmica
centrífugamente inclinada hacia su propio ardor
sólo me parece un mero atributo del peso.
Bien puedo seguir existiendo así,
sin saber si el mundo es un celular
Evaluado en el precio que impongan a mi gusto.


"Me importa un comino".
Lo sabes.
Un buen bosque vale todo
lo que mis ojos puedan contemplar en su paseo
pero que me falte por una millonésima de espacio
tu cuerpo,
tu mirada adormeciéndose
como un cachorro entre mis manos,
No.
No puedo tolerarlo.
Moriría.
Simplemente, dejaría de existir,
de ser,
de poder verle la esquina a la madriguera.


Me perdería en el recodo más pequeño
de cualquier tristeza
y sabes que eso,
es a simple vista,
el hormiguero perfecto
de todo lo que sirve
para concluir de veras
que sólo existes para mi amor.


Que bien puede servir
ese asombro seductor de tus labios
que se suspende siempre al borde de los míos
para asegurarlo todo.


El amor,
Créelo,
no puede estar en otra parte.

miércoles, 2 de enero de 2008

VERDADERA INSURGENCIA



(Tema para ser pintado a puñetazos)


Su flácida lengua se escurría por la barbilla,
dos veces hecha más lengua,
casi, hasta donde las elevaciones también,
de sus antes duros senos,
se empezaban a podrir.


No dejaron pezones,
mas sí,
unos balines de escopeta incrustados
en los agujeros de las aureolas.


La piel,
quizás muy roja y amada
de las palmas de sus manos
había sido despellejada
y trozos de bruma,
revistiendo la carne escaldada,
tuvieron que ser, después,
removidos con gasolina.


Todo el cuerpo había sido
pellizcado con un cortaúñas
y el cabello se lo habían grafilado
con los caninos de un perro enfermo de rabia.


Le magullaron las muñecas
y los tobillos con cadenas,
dejándole un atenazado dolor
de anillos amoratados.


En las piernas,
demasiados hematomas azulados,
comenzaban a fermentarse.


Las plantas de los pies
fueron cocidas con incendiadas
colillas de cigarrillos
y en algunas pústulas,
voraces gusanos de mosca
se retorcían emergiendo.


Le extirparon el clítoris
y posiblemente la violaron
mientras le arrancaban
los vellos del pubis a manotazos.


Desenterrada, después de tres días,
con un verdoso podrido entre las vísceras,
la adolescente cara de la guerrillera
era, aún, más hermosa.


Encontramos un beso,
respirando entre sus labios.

martes, 1 de enero de 2008

CARTA A UNA MUJER ANTES DE SER RESUCITADA




La vida se te fue caudalosa
rojiza y de pronto se coaguló
en la mesa de la morgue.


De ti quedó el color rubio de tu pelo
el anhelado pubis y tus senos
aún excitando mi memoria


Pero el resto se ha desfigurado.
Están algunos gestos
con los que detenías, por milagro,
las miradas de todos los ausentes.


El viento sigue extrañando
tus tantos besos lanzados al aire
y en el colegio hay un pupitre
que se estremece casi moribundo
cuando confunde entre los pasillos tu sonrisa.


Está ya muy lejos tu abrazo
con el que señalabas
la llegada de la noche
y tu rostro es apenas
algo parecido a esas figuras
que se hacen con las nubes.


Pero casi siempre
se presienten tus gritos
buscando los gatos que dejaste
acostumbrados a tu tacto.


Casi siempre en algún lugar del día
las sombras salen corriendo hacia el cementerio
y allí se echan a llorar
dejando un reguero tierno de luciérnagas.


El balcón muchas veces ha deseado
lanzarse, sin pensarlo, hacia el estanque
donde solías darle color a los inviernos
y menos sed a los veranos.


La casa sigue ostentando la ligereza de tu cuerpo
y las tantas cosas que te fuimos regalando.


Hay evidencias de ti en todas partes:
una hebra de cabello en el nido de un gorrión,
la pestaña que soplaste de mis dedos
y que hizo guarida en mi bolsillo,
la lágrima que el eucalipto que abrazabas
decidió conservar en su recina,
el eco de tu voz en el fondo de la iglesia,
tus ojos aún riendo ante el espejo,
tu sonrisa saltando de recuerdo en recuerdo,
tus huesos en la tumba,
tu sudor en mi camiseta de goleador,
tus labios en la camisa de despedida del colegio,
tu olfato siempre entre las flores,
una gota de sangre entre las sábanas,
tu sabor de sexo en mi memoria
y otras tantas cosas
que muchos sacan en las tardes
cuando hay visita
para decir que eras buena y linda como un ángel
que nunca ha conocido la miseria.


De ti han quedado ciertas cosas y tu ausencia
el dolor, la esperanza
y cierto pueblo extraño
que ha decidido con todo lo que fuiste
recobrarte hoy a medianoche.


Ojalá nos funcione el aquelarre
y podamos recobrarte del vasto
territorio de la nada.