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miércoles, 26 de marzo de 2008

PRUEBAS DE INGRATITUD.




Con este silencio amasable
que llevas hacia el día adormecido,
con esta manera de cortarte las pestañas
y los labios en la niebla preocupada o rutinaria,
con tus ademanes que agrietan tus ojos ante el viento,
que te sacuden como ropa tendida en el verano,
con tus dos manos que nunca
has utilizado para desplumar un ángel
y que usaste todos los días
para vestir el animal encabritado en tu enhiesta intimidad,
con este inventario de intuiciones
y por la rosa que dejarás podrir
como ofrenda justa para el fallecimiento.


Por el beso que se te fue envejeciendo
y haciendo avaro al deseo,
por la fecha final que te espera
con esa ansiedad inusitada
con la cual se intuye el miedo en la tiniebla,
con tu manera de ser ante el espejo
o por el olor a trasnochado
que llevarán los amigos en tu luto.


Con tu esparcida actitud de bufón
profanando los engaños,
con esa costra que dejaste abandonada entre las sábanas
como si nada conviniera,
como si el memorial de tus huesos
o tu aliento asustado no bastara,
como si con esa forma de dejar perdida tu mirada en la tristeza
o como si el lagrimal testigo de tu ausencia
no sirviera para señalar tu sarcasmo en los velorios.


Como si tu vida a cuestas no ajustara
tanto espasmo y humedad otorgado en los orgasmos,
como si la indiferencia no justificara,
que estuviste muchas veces en el centro de lo eterno.


Como si no hubieses comido
de las propias manzanas nocturnas de tu nada
te pones el cuero bochornoso de Abel en tu memoria
y te avienes de golpe ante los recuerdos
con esa cara de recién descubierto
en los ojos atalayados de un anciano mirándose al espejo.


Con tu manglar de incertidumbres
todavía te paseas irrespetando el estupor de los espectros,
te sigues madurando para la última sonrisa,
te apretujas el alma entre la carne,
te haces el indigno
y te rebelas esgrimiendo el pescuezo
de un ángel recién ahorcado por tu sombra.


Te atreves aún a irte de golpe
contra ese dios tuyo que se asoma en la harija matutina
de tu somnoliento despertar de porcelana,
pareces un ciego palpando su degradación en la piel de un río,
un desposeído acechando
la noche en la entrada de unos labios magullados.


Semejas demasiadas baratijas truqueadas en un mercado de leprosos.
sigues mordaz como el aguijón que cuelga en tu entrepierna,
con ese reflejo virulento que sigue pudriendo el tamarindo
que te puso Dios a latir en el centro mismo de tus alas.

DESESPERACIÓN POÉTICA




Tengo poesía haciéndome trizas,
me amarra el corazón con sus alambres,
me fatiga,
me obsesiona a cometer un fraude,
una estafa, un delito.


Hoy la poesía quiere conversar
mientras tritura entre sus dientes
los pichones de mi felicidad.


Quiere cargarme en su lamento,
convertirme en remero.


Se me ha enfrentado y me ha caído de repente.
Me ha dejado pulverizado.


Me queda el desahogo, el naufragio,
siento que esta noche será un periplo
y quiero romper el remo antes de sentir la catarata,
ya me mutilé los oídos
para no escuchar el silencio de las islas desabitadas
pero la poesía ha puesto sobre la plancha de la muerte
a mi alegría.


Hoy siento que seré el amanuense de una tétrica alquimia:
la noche me está gravitando y presionando,
el grito no puede agujerear
aunque me corte las manos y me realice una lobotomía
la extraña y meditabunda criatura que se aniquila
seguirá arrastrándose hasta el precipicio mismo de mi lengua.


Quiero destrozar el bote,
hundirme si es preciso,
atragantarme con la sangre de un suicida
pero no seguir
no seguir con este impulso misterioso
que se puso de repente en este día
a girar destrozando mi salida.


No lo quiero
que me lo extirpen
y se lo pongan a otro entre los huesos
por un instante
por un segundo.


Dios, esa palabra que se busca para sentirse salvado
Dios, ahórcame entre tus barbas
ponme de amuleto entre tu pecho
pero sálvame de esta palabra que me habita.

DELIRO DEL ORADOR ATRIBULADO




Si me fuera preciso hablar
enrollarme las palabras en la lengua
prepararlas para una estación en la antártica
si me fuera preciso desenredar la expiación
y afirmar como entre nubes las formas o la lluvia.


Si vinieran ahora mismo a tocar encima de mi nombre
y se metieran a empujones
a sacarme del alma
y decir que tengo que decirlo todo
como si fuese Adán en su primer discurso.


Entonces, estaría bien que comenzara por afuera
por el piélago de sangre que se está marchitando en cada cuerpo
sería bueno comenzar diciendo Fin
y luego entablar la ausencia en medio de las ganas
estaría de acuerdo con primero arrojar una botella con un grillo adentro
para que el mar conozca lo que nunca ha conocido
y seguir luego por entre los parientes de todos los vecinos
mostrándoles el libro de soledades
que han heredado a sus más queridos nietos.


Si me fuera posible desbaratar el sonido de un ojo
diciendo en todas las miradas sólo beso
creería que lo mejor es un comienzo
un encuentro en cualquier parte
desahogando el llanto
para afirmar la vida.

OBSTINACIÓN




Tengo un corazón reprimido,
recostándose en lado más doloroso de mi amor,
tengo un silencio congestionando, ahogante,
casi apunto de desbordarse en llanto.


Mi rostro se parece mucho a cierta palabra
que no he podido sufrir con toda la muerte que me falta.


Tengo simplemente ganas
de arrojarme por un camino de hormigas
hasta el centro mismo de su entraña.


Hoy estoy obsesionado con cierto lamento,
con una tristeza inmensa parecida al rostro de un niño
que ha perdido para siempre sus abrazos.


Presiento alrededor de mi cariño una cofradía,
mi mente atribulada de estrellas apagadas
va cayendo desesperanzada hacia la honda cuenca
de estos ojos que sólo quieren dejarse perder,
cegándose para siempre en la distancia.


Es hoy mi corazón
un desorden de otoños empujando mi pasado,
creo que pariré a la medianoche un resfrío
parecido al aliento
que dejan los pájaros recién muertos en sus nidos.


Y este silencio
este silencio
que ya no entiendo
pero que justifica mi existencia.
Por qué no me disparo un relámpago,
por qué no me lanzó hacia el vértigo...
la tristeza es mi destino.


Entre líneas, veo un hombre defraudado
queriendo arremolinarse hasta el comienzo,
un hombre intentado romper el hilo
y quedarse para siempre vagando en el laberinto.


Veo un hueco hecho en toda la mitad de la ilusión,
un gusano riendo entre la herida.
Si me preguntas a que me parezco,
tendría que mirarme ante el espejo
y desgarrarme la huraña máscara
para poder al menos presentir que tengo
una criatura abismal entre los ojos.


Si preguntas por mí, a mí
quizás sólo pueda decirte
que me fui haciendo extraño
que me jubilé a destiempo
y que quedé en una casa solo
sin siquiera poder conversar con mis fantasmas.


Si preguntas a otros por mí
a lo mejor puedan darte más señales:
que tengo una sonrisa que traiciona mi melancolía,
que el corazón se me agrandó
hasta generarme un tumor de ternura en los brazos
y a lo mejor concluyan con alguna imagen de ese otro
que le gustaba guiñar el ojo cuando comía tamarindos
y no es bueno reprochar tanto viento
y beso dado de frente en el camino
después de todo, me tiraron sin alas a este mundo,
que aunque quisiera
pasaría la noche en vela arrullando este fantasma;
pero no quiero
no la quiero hoy
la poesía no la quiero hoy
quiero maniatarla,
amarrarla a la pata de mi cama
y verla berrear como un chiquillo
hasta que se le pase el capricho.

LA NOCHE DEVASTADA.

una verdadera obra, felicitaciones creador.!


A veces un disparo despertaba en la noche nuestro terror
entonces
nuestra carne como las colas de las zarigueyas
comenzaba a heder esplendente
ante la presencia asustada de los ojos
que aún no reconocían por cual esquina del pueblo
es que arreciaría la muerte con su tropa de lamentos.


El mundo entonces era una gran noche
tiritando entre el abrazo compartido
de seres sabiéndose espantados.
No había espacio para las lágrimas
prematuramente deshilvanadas
sobre la piel que comenzaba a tiritar
ni tampoco tiempo para despedirse
con un beso perpetrado sin hielo entre los labios.
Tan sólo estaba la inutilidad de la sombra
bregando a ocultar la taquicardia
puesta de improviso en las costillas
y un vaho de pánico
preparando el cuerpo para la quietud de los huesos.


Era todo entonces tan inservible
para el escondite de nuestras venas
hinchadas de familia.
La noche dilatada en el escalofrío de los árboles
y en el silencio de los grillos
parecía a veces reanudar su tierno cauce
de sueño y copula estrellada
mas regresaba el estertor de un mudo ruido
formando la corriente eléctrica del miedo
y entonces los labios invocaban el abrazo
de las alas franquicias más cercanas
a nuestros asolados estremecimientos.


El niño y el adulto eran
una masa informe de pavor y desmayo.
Nada entonces valía la pena
salvo una muerte rápida
sin ningún dolor entre las manos.
Se anhelaba la desaparición
como algo que al fin dejara
calmada la casa para siempre
y el último deseo era que
al cerrar los ojos todo por fin finalizara.


Esos momentos siguen respirando
en la piel que aprendió el color de los fantasmas.
A veces regresan con todo el tumulto de su espanto
como si empujaran el sueño
hacia el último despertar .

jueves, 6 de marzo de 2008

UNA DE AMOR



Al mejor estilo Girondo-Benedetti




Te lo voy a decir de una vez por todas.
La cuestión está, en que tú existes
exclusivamente para mi amor.
A mi que me importa el mundo.
Sin tí esta tierra orgásmica
centrífugamente inclinada hacia su propio ardor
sólo me parece un mero atributo del peso.
Bien puedo seguir existiendo así,
sin saber si el mundo es un celular
Evaluado en el precio que impongan a mi gusto.


"Me importa un comino".
Lo sabes.
Un buen bosque vale todo
lo que mis ojos puedan contemplar en su paseo
pero que me falte por una millonésima de espacio
tu cuerpo,
tu mirada adormeciéndose
como un cachorro entre mis manos,
No.
No puedo tolerarlo.
Moriría.
Simplemente, dejaría de existir,
de ser,
de poder verle la esquina a la madriguera.


Me perdería en el recodo más pequeño
de cualquier tristeza
y sabes que eso,
es a simple vista,
el hormiguero perfecto
de todo lo que sirve
para concluir de veras
que sólo existes para mi amor.


Que bien puede servir
ese asombro seductor de tus labios
que se suspende siempre al borde de los míos
para asegurarlo todo.


El amor,
Créelo,
no puede estar en otra parte.

miércoles, 2 de enero de 2008

LITERATURA Y REALIDAD: Las Criaturas Que Nos Sobreviven.





Cortazar, afirmó alguna vez que el oficio de escribir era un proceso de exorcismo y tierno rechazo que llevaba a cabo todo escritor con sus más neuróticas intimidades. Para Jairo Mercado Romero, el acto de escribir es un fenómeno que le permite al escritor abandonarse de las criaturas emocionales que perduran en la mente atormentada del artista. Si atendemos a estas declaraciones podemos intuir, por así decirlo, un factor común que determina en ambos escritores su trabajo literario. Dicho eje, se circunscribe al hecho terapéutico; escribir es desahogarse, es la forma por la cual se puede llegar al reposo y a la tranquilidad.


Parece dudoso afirmar que la escritura en muchas ocasiones tan sólo tiene el efecto transformador de una terapia, de una droga o de un tranquilizante. Pero si atendemos a la obra misma, aquella que esta fuera de la mente del autor, podemos empezar a vislumbrar detalles que, quizá puedan hacernos más comprensible dicho prodigio.


La literatura colombiana será en este caso, para nuestra mente utilitaria, el mejor objeto para el desarrollo de la investigación. Al parecer en Colombia existen dos regiones singularmente fértiles de donde emergen los mejores creadores de imaginaros literarios. La región antioqueña y la costa atlántica, han sido desde hace mucho tiempo las fuentes de producción de legado místico de la escritura. Pero la situación de Colombia en el aspecto literario no sólo hay que limitarla a ciertos espacios, sino, que es necesario ubicarla en el tiempo en que fue posible reconocer el mayor auge de escritores.


Tal situación nos remite a los años cuarenta y sesenta del siglo veinte. Colombia, en aquella época afrontó la más irracional violencia; la guerra fue el escenario propicio para desencadenar, en la mente de los infantes, recuerdos que jamás olvidarían. Rulfo, observa que en literatura tan sólo existen tres temas básicos: El amor, la vida y la muerte. Sin lugar a dudas la violencia colombiana estuvo acompañada por estos tres agentes. Escribir en Colombia a mediados del siglo veinte era llevar a cabo una proeza y en muchas ocasiones tan sólo un ilusorio plan que terminaba llevando a la ruina a los hombres. Pero ésto no sucedió en todos los sujetos dados a la escritura. Jairo Mercado Romero pertenece a aquel tiempo.


Su infancia estuvo marcada por el halito de un bienaventurado espacio rural, sin embargo su niñez estuvo también acompañada por la violencia que sacudió al departamento de Sucre, tales acontecimientos fraguados en un país dividido políticamente fue creando improntas de recuerdos magníficos, que luego serían exorcizados, cada uno de ellos, en forma magnifica. Mercado, en la conferencia sobre “el oficio del escritor” que realizó en varias universidades de país, comentó, que siempre había sabido que su futuro estaba en ser escritor. Desde la infancia, proféticamente su alma le había evidenciado su oficio. Este no es un gran acontecimiento, ya antes Milton, Chesterton y Borges también habían declarado haber sentido dicha impresión en su niñez. Sin embargo en el caso de Mercado esta providencia facilitó su trabajo futuro. La gran mayoría de su obra literaria esta enmarcada en la época de su niñez; son los recuerdos infantiles los que propiciaron los temas de su escritura.


El libro “Cosas de hombres” es una colección maravillosa de tales recuerdos. En este libro Mercado establece un estilo que se desliga de la tradición literaria de sus contemporáneos que seguían intentando cada vez más la adopción perfecta de estilos surrealistas y de géneros de literatura fantástica. Por lo tanto la obra de Mercado tiene que ser criticada desde un método revisionista e impresionista, ya que su obra trasciende el hecho histórico y se incorpora en la mente de lector demostrando su siempre trascendental cometido de mostrar el mundo transpersonal de los colombianos. Ernesto Volkening en una reseña que elaboró para la revista ECO denominó a Jairo Mercado como un verdadero cuentista, ya que según Volkening, Mercado logró por medio de su escritura romper el círculo mágico en que el ascenso fulgurante de la estrella Gabriel García Márquez tenía aprisionada a la narrativa colombiana. Todos sus cuentos están elaborados bajo un estilo sencillo, casi oral, Para Mercado escribir es recordar, es exorcizarse de lo angustiante. Cada uno de los cuentos está escrito bajo el método literario del narrador─protagonista[1]. Los personajes de sus cuentos, narran lo que vivieron, lo que sintieron y lo que pesaron, sus personajes son protagonistas testigos y a la vez narradores cuasi─omniscientes[2] que develan un hecho que los conmovió. Este modo de narrar en primera persona desde un punto de vista interino[3] hace que la lectura sea más anecdótica que imaginaria. En cada uno de los cuentos que integran la colección “Cosas de hombres” exceptuando “las reglas del juego”, son elaborados desde un yo indefinido que se dirige a un tú conocido, o en casos excepcionales se puede ver un yo que monologa sus propias impresiones.


En el cuento “carta de pésame” se observan ciertos detalles un tanto más asombrosos. En dicho cuento el personaje central comenta a uno de sus mejores amigos sobre lo que le ocurrió con una carta de pésame que mandó a unos familiares. Hasta aquí no hay mayor complicación, ni tan siquiera una innovación, pero a medida que el lector se adentra en la historia empieza a sentir que el personaje busca, por medio de su narración, convencer a su amigo de algo, este hecho extraño, ya determina el suspenso del resto de la historia. Un hombre que le ofrece una historia a otro, pero que de antemano le pide que le crea ya hace dudoso el mismo discurso. Este elemento de desconfianza es el hilo de tensión bajo el cual empieza a desarrollarse una trama asombrosa. A medida que avanza en la anécdota, el personaje recurre a su infancia para dar crédito a lo que tendrá que creer su interlocutor. El descabellado protagonista le cuenta que en su infancia vivía en una casa con su madre y que en dicha casa le era prohibido entrar a ciertos dormitorios. Cosas como éstas hacen que nazca la curiosidad del lector por saber donde se dilucidarán tales secretos que el narrador va enumerando. Uno de ellos y quizá el más ingenioso de la historia es el hecho de cómo el personaje en su infancia conoce la historia de la muerte de Carlos Euclides. Lo curioso es cómo Mercado se las ingenia para darnos a conocer a este otro personaje; su método es asombroso, el personaje de Carlos Euclides empieza a formarse por pedazos, por partes. Primero, el niño descubre el jardín donde se encuentra enterrada la pierna de Carlos Euclides, luego la tumba y por último el hecho desencadenante de la muerte del mismo. En el libro “Cómo se cuenta un cuento” García Márquez, afirma que una de las mejores formas de atraer la atención del lector sobre un personaje determinado es la de irlo aproximándolo a la mente de quien lo va a conocer por medio de partes, crear el personaje a pedazos; que del personaje empiecen a llegar primero sus maletas de viaje, luego su sombrero y la historia del sombrero, luego una mano retratada en un lienzo que se descubre en un sótano y así sucesivamente, hasta el punto en que, de pronto, se le pueda ver entrar por el marco de la puerta y enseguida se le reconozca. Este reconocimiento se da gracias al ejercicio de las partes, ya el lector sabe quien es el que entra, ya le es familiar y lo acepta complacientemente.
Esto mismo es lo que realiza Mercado en su “Carta de pésame”. A medida que se avanza en el cuento se empieza a ceder confianza, ya el clima tensionante desaparece y el lector comienza a creer en lo que dice el desconocido personaje, al final, estamos casi seguros de que los hechos narrados por aquel hombre, en verdad sucedieron, pero nuestra fascinada mente es sorprendida de repente, cuando asistimos a la revelación íntima que se nos ofrece:



“la repuesta es increíble. Tú no lo crees. Nadie me cree. Hugo. Nadie. Tú tampoco me crees. Dice así: “Nos ha extrañado un poco tu carta. No por lo que dices, pues sabemos que desde niño inventabas cosas, sino porque por fin te acordaste de nosotros. Por fin. Carlos Euclides con su cojera, como siempre, pero esta bien…”


Sorprendente, de pronto el lector sabe todo, reconoce las mentiras del narrador y sabe que durante todo el tiempo asistió a la charla ofrecida por un mitómano.


Otros críticos como Volkening declaran haber visto una doble personalidad en el personaje, pero es claro, que esta doble personalidad hace parte del protagonista que inventa cosas para poder vivir, es un mitómano, su misma doble personalidad es quizá un invento y un mecanismo de defensa psicológico que sustenta la existencia del personaje.


Jairo Mercado no sólo hace dudoso lo cotidiano, sino que a su vez lo decora con una estética singular. En muchos de sus cuentos se pueden leer tropos, símiles y metáforas magnificas como estas: “El miedo estaba en el aire como una bandera”, “se detuvo a un palmo de nuestro asombro”, “vivimos los días como si nos fuéramos despojado de máscaras”, “los pájaros volaban buscando la noche” y “el silencio caía sobre los tejados”. Esta clase de descripciones estéticas producen una impresión mágica sobre lo que se cuenta. Su estilo aunque altamente influido por la narración rural de Rulfo, por la magistral literatura de Faulkner y por mismo el García Márquez trasforman la mente de Jairo Mercado Romero haciéndole creer en el poder que puede llegar a tener la literatura para desmantelarse de sus propios recuerdos.


Adentrándonos un poco más por medio de una critica sistemática, o sea aquella por medio de la cual comprendemos todo lo que entra en el proceso de la creación de una obra literaria, podemos observar que Mercado es un arduo trabajador y diseñador de estructuras narrativas.
Muchos de los cuentos posibilitan al lector encuentros magistrales entre dos historias o entre dos eventos alternos, tal es el caso de “Ahora que cruza una nube el cielo de la escuela”, en dicho cuento el narrador es un niño que está formando para entrar en el salón de clases, este momento es el real, es el que vive el infante. Sin embargo la mente de este niño empieza a recordar ciertas cosas, el niño comienza a adentrase en su mundo imaginario. Hasta aquí el lector se encuentra ante un niño que va a entrar a clases y que en plena formación le da por recordar algo, pero el asombro ocurre cuando lo real empieza a determinar lo imaginario; la historia que el niño está recordando empieza a relacionarse semánticamente con la realidad. El mundo en el cual existen la escuela, la campana y el rezo del profesor, son signos que regulan la semántica del monologo que lleva a cabo el infante, es increíble como Mercado descubre estos signos meta─textuales que regulan lo fantástico. Gracias a esta explicación tácita que subyace al cuento es que nos es fácil entender cuándo empieza a ocurrir la relación reguladora de los hechos, tal es el caso del siguiente fragmento:


“por estos lados no se da sino el hambre por estos lados no se da sino el miedo el hambre con miedo tiene sabor a mierda (santificado sea tu nombre) papá no es un tipo hablador mucho menos le gusta decir malas palabras”


En este párrafo se observan varios fenómenos, el primero es la ausencia de signos de puntuación que determinen el ritmo, esto hace que el lector se vea impulsado a identificar la forma y la musicalidad con la cual piensa el niño; otro rasgo es que el hecho real pasa a ser secundario y por lo tanto el autor decide ponerlo en paréntesis, es como si nos dijera: miren lo que sucede fuera de la mente del pequeño. Pero el fenómeno más importante es como el hecho secundario, ese que va entre los paréntesis, pasa a designar el siguiente pensamiento del infante casi de forma involuntaria. La santificación del señor lleva al niño a retractarse de sus palabras y a afirmar que su padre es una persona decente. Otro ejemplo:


“y me creían y más me creían cuando lo veían llegar con cosas de la calle el día que le pagaban traía pescados o carne (el pan nuestro de cada día dánoslo hoy)”


Ahora ocurre lo contrario, el pensamiento se reúne, comulga con el signo semántico de la oración. El mensaje del rezo se introduce de pronto en ambos momentos, y el sujeto que hace posible el predicado es el mismo que el lector identifica con el respeto y la admiración.


Pero no sólo existe en la narrativa de Mercado esta estructura, sino que sus cuentos son una continua exploración de forma y contenido. Algunos de sus cuentos buscan retratar situaciones, otros por su lado intentan hacer sentir la emoción que regula el timbre de la voz del narrador. El húngaro György Lukács, concebía la creación literaria como un eficaz vehículo de conocimiento cuando es capaz de reflejar la realidad del mundo al margen del sujeto: las estructuras económicas y sociales, las diferencias de clase y la manipulación del medio natural por parte del hombre. Tal cometido salta a la vista en los cuentos de Mercado, como: “Tiempos de espera”, “Unas lágrimas por francisco” y “El fusil”. En estos cuentos emerge la situación vivencial y experiencial que nombran Américo Castro y José Antonio Maravall y que según su criterio deben existir en toda literatura.


Lo determinante de la experiencia es lo que deje en nosotros, lo que marque o tatúe en nuestros recuerdos. Antonhy Hopkins interpretando a Hannibal Lecter en la película “Hannibal”, hace que el psicótico doctor Lecter diga que las cicatrices son la afirmación del pasado. Jairo está lleno de cicatrices, de recuerdos que queman y que hacen sufrir. Por eso cada uno de sus cuentos afirma cosas irremediables que los hombres se niegan día a día, sus cuentos no son certezas sino puntos de vista afectivos, no rompen con la realidad, sino que comulgan con ella. Los cuentos de Mercado Romero asedian el presente con un pasado que se puede sentir; en ésto es quizá donde se halla la originalidad de Jairo Mercado Romero.


Nietzsche afirmó que el estilo debe mostrar que uno cree en sus pensamientos, no sólo que los piensa, sino que los siente. A lo mejor en Mercado Romero el estilo fue siempre la forma de llevar a cabo un antiguo rito con sus acechanzas pretéritas, con sus desvelos de niño, con sus miedos y recuerdos infundados por la realidad de una época que sigue aturdiendo nuestro país. La obra de Mercado sigue siendo contemporánea en la medida en que se caracteriza con el dolor y la violencia de la nación, en cuanto se remite a demostrar que lo que cuentan algunos seres ya seniles verdaderamente ocurrió y marcó, que el hombre es sus recuerdos, que la vida es eso, la ardua tarea de experimentar con paciencia lo que fuimos.


De pronto tenga razón Mercado Romero cuando opina que escribir es vivir bajo el estupor de las propias incertidumbres y contagiar a los demás con las propias obsesiones y vicisitudes existenciales.


Quizá la literatura solo sea eso al fin de cuentas: un exorcizar, un rechazar y proyectar lo íntimo que se tiene para plasmarlo sobre una inocente hoja en blanco.


Notas




[1] Entendido como el protagonista que cuenta con sus propias palabras lo que siente, piensa, hace, nos cuenta qué es lo que observa y a quién observa. Es un personaje central cuyas observaciones de lo que ocurre a su alrededor, incluyendo las acciones de los personajes menores constituyen todas las pruebas en que se basa la verosimilitud de su informe. “Realismo mágico y otros ensayos” Enrique Anderson─Imbert. Monte Ávila editores, Venezuela, 1992.


[2] Es aquel que a pesar de sus restricciones, puede seguir a sus personajes a los lugares más recónditos, el narrador cuasi─omnisciente es el que elige lo que debe verse u oírse. “Realismo mágico y otros ensayos” Enrique Anderson─Imbert. Monte Ávila editores, Venezuela, 1992.


[3] El punto de vista interino e alguien que desde cierta posición, ve a otra persona, a su vez desde su propia posición está viendo el desarrollo de una acción. “Realismo mágico y otros ensayos” Enrique Anderson─Imbert. Monte Ávila editores, Venezuela, 1992.


Bibliografía:


- Cosas de hombres. Jairo Mercado Romero. Ediciones punto rojo, Bogotá-Colombia, 1971.
- Jairo Mercado Romero: Un cuentista de verdad. Ernesto Volkening. Revista ECO de la cultura de Occidente; Volumen 23 de Agosto de 1971, Bogotá. Páginas 437 – 445.
- El oficio de escribir. Jairo Mercado Romero. Sonido. N. Topográfico. K1055. Biblioteca Luis Ángel Arango.
- Realismo mágico y otros ensayos. Enrique Anderson─Imbert. Monte Ávila editores, Venezuela, 1992.
- La crítica literaria y sus métodos. Enrique Anderson─Imbert. Alianza Editorial mexicana, 1979.
- Como se cuenta un cuento. Gabriel García Márquez. Editorial voluntad, Bogota, 1995.
- Horas de literatura colombiana. Javier Arango Ferrer. Instituto colombiano de cultura, 1978.

“EL PARTERO DE SUEÑOS”


Tuve todo, menos dioses en impasiblefelicidad”.
Jorge Gaitán Duran.







Luis Cardoza y Aragón, ese gran poeta guatemalteco que tuvo una “memoria hecha de pájaros” sufrió con asombro la clarividencia de saber nombrar la presencia de un poeta y de un hombre.


En Bogotá llama al fundador y promotor de la revista “Mito”: “el partero de sueños” y sentencia con esta frase el destino de un colombiano asediado por sus más íntimos recuerdos.


Hedonista intelectual, Jorge Gaitán Durán, pertenece a aquella generación que hija de él, nombramos hoy como el “Grupo Mito”. Sin embargo, su carácter poético va más allá de un proyecto literario que deseaba reducir el provincianismo tradicional de nuestras letras. Su curiosidad viva de Dios aturdido lo llevó a dejar sus estudios de Derecho en Bogotá y peregrinar como un Rimbaud por el mundo antiguo de los dioses siempre muertos y tristes de su palabra.


Hermano generacional de Estanislao Zuleta, de Hector Rojas Herazo, de Eduardo Cote Lamus, de Carlos Obregón, de Orlando Fals Borda, de Rafael Gutiérrez Girardot, entre otros, y quienes a su vez participaron en el proyecto concientizador de darle nuevas perspectivas artísticas, políticas y sociales a nuestro país, el “embelesado” Gaitán Durán gestó sus días a través de la locura de saberse siempre al filo del abismo.


Bakunin acertó al decir que “amar es querer la libertad”, ya que esta emancipa al hombre y lo hace dueño asertivo de sus propias desventuras, así mismo, lo reconoció Gaitán Durán cuando en las ruinas de Troya escribió: “Todo es muerte o amor” y entendió que al decir aquello su alma jamás encontraría descanso. Por eso su misión consistió en “vivir cada día en guerra, como si fuera el último” y tal como lo afirma Javier Arango Ferrer, su osadía y su verdad radicó en pasar por la vida “recogiendo los desperdicios del mundo contemporáneo” ofreciéndole de esta forma a la sociedad la redención y el reposo necesarios. En este sentido Gaitán Durán, fue el verdadero artista colombiano que atendió con inigualable compromiso a la misión de Antonin Artaud: “El artista es un chivo expiatorio, cuyo deber consiste en imantar, atraer, echar sobre sus hombros las cóleras errantes de la época para descargarla de su malestar psicológico”.


Pero este “adolescente de grandes ojos de agua” no sólo instituyó una nueva y formidable revolución literaria sino que produjo con su “obra breve” un esteticismo nuevo que se basó en la nostalgia y en la flamante locura de los cuerpos.


Por eso su poema siempre estuvo incendiado, repleto de una intensa llama que ardía hasta fundir los cuerpos de los amantes y de los días, porque esa llama, ese fuego calcinante que reverberaba en la memoria sólo tenía un nombre: Recuerdo.


Pero su recuerdo quiso luchar con el olvido ya que de una u otra forma reconoció que recordar era empezar a olvidar, Cada vez que evocó en sus poemas sus más maravillosos momentos sufrió al no lograr retener la carne que abrazó, o el labio que besó. El recuerdo es doloroso porque transmite una imagen difusa, una imagen que tan sólo puede lograr comunión con la muerte o con la nada.

En su “Canto XIII” nostálgicamente afirmó que “nada resiste la invasión del olvido”, y revolucionario, necio, irremediablemente sátiro, reanudó con su palabra la rebelión contra el olvido, su poema siempre estuvo en guerra, una batalla que buscaba librar para recordar y nombrar. Por eso en su poesía pudo susurrarle a esa mujer: desconocida para nosotros, que:




“Nadie sabrá que vivo para ti, que defiendocontra las llamas trémulas tu desnudo recuerdo”




Aunque esa empresa le dió una tierna satisfacción de afirmar ante el mundo que en el recuerdo de esa mujer él era “el incendio del ser” muy adentro se supo perdido porque reconoció que esa amante y ese cuerpo, ese remembranza en últimas, era “impenetrable”


Sus poemas son digresivos, están fatalmente enamorados y caprichosamente perdidos, en su poesía siempre existe el “vino rojo”, el “desnudo” los dioses siempre perturbados e irreconocibles, siempre está el sol ardiente, y la luna y los “astros sanguinarios”.


Gaitán Durán, buscó con su poema su propio ser, quiso examinarse con su palabra, deseó atrapar su identidad y por eso su locura consistió en reconocer que todo salía o llegaba a él en vida y que todo lo tenía excepto la muerte.


Podemos decir que Jorge Gaitán Durán reconoció su proyecto y al saberse menos hombre y más poeta entonces logró decir que su poema se asentaba simplemente en la idea de poner “incendios en la nada”

Al lograr registrar esta triste condena ya no le quedó más remedio sino proseguir su camino de poeta y su destino de ebrio o alucinado lo llevó a cabo con el más tenebroso capricho. Su incendiado ser deseó seguir persiguiendo a la mujer, a la amante pero bajo el irrevocable mandato del libertino. Si no pudo recobrarla, por lo menos la engendró en nosotros, lo lectores, con la fuerza de sus palabras:




“No quiero morir sin antesHaberte impuesto como una ciudad entre los hombres”




Gaitán, supo siempre que esa imposición era una exigencia de palabras que podían ser olvidadas. Al proponerse la trascendencia de lo que amaba también tuvo que inventar la forma de hacerlo y es aquí donde nació su prodigio:


“quiero apenasarder como un sol rojo en tu cuerpo blanco”.


El amante del recuerdo, de la mujer, quizá, de su Pamplona adolescente, al fin se supo vencedor, ya que su esperpento estuvo en hacer que la hoja mostrara, a través de la palabra, ese pánico deseo, ese clímax, ese desaforado incendio de los cuerpos que se amaron. Por eso la mujer, la amante irremediablemente pierde su cualidad física y traspasa las dimensiones metafísicas de la verdad porque Jorge Gaitán Duran y ese cuerpo-poema supieron que:


“Antes de aquí tendernos, no existíaeste mundo radiante”.


Y por eso pudo decir felizmente desde su noche con miles de soles que:


“basta mi voz para borrar los dioses”.